Un gran ensayo europeo cuestiona el uso de testosterona en la fecundación in vitro

  • Un ensayo internacional con 288 mujeres con baja reserva ovárica analiza la testosterona en gel antes de la FIV.
  • La testosterona transdérmica no mejora de forma significativa las tasas de embarazo clínico frente al placebo.
  • El uso rutinario de testosterona previa a la estimulación ovárica no se recomienda en reproducción asistida.
  • Los resultados evitan retrasos innecesarios en los ciclos de FIV y reorientan la investigación hacia otras estrategias.

testosterona en la fecundación in vitro

Sin embargo, un amplio ensayo clínico internacional europeo, en el que han participado varios centros españoles de referencia, acaba de poner freno a estas expectativas. Los datos muestran que el uso de testosterona transdérmica previa a la estimulación ovárica no mejora de manera relevante los resultados reproductivos en este perfil de pacientes y, además, conlleva un retraso innecesario en el inicio del ciclo de fecundación in vitro.

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Por qué se planteó usar testosterona antes de la FIV

En el contexto de la reproducción asistida en Europa, una proporción importante de mujeres que acuden a tratamiento presentan reserva ovárica reducida, algo que complica tanto la estimulación ovárica como las posibilidades de éxito de la FIV. En este escenario, los equipos médicos han explorado distintas estrategias complementarias para intentar rascar unas décimas más de probabilidad de embarazo.

Una de esas estrategias ha sido la administración de testosterona por vía transdérmica, normalmente en forma de gel aplicado sobre la piel durante varias semanas antes de la estimulación. La testosterona, aunque se asocia a menudo al organismo masculino, es una hormona que también producen de forma natural los ovarios y las glándulas suprarrenales de las mujeres y que participa en el desarrollo de los folículos ováricos.

Algunos estudios preliminares sugerían que esta hormona podría favorecer la maduración folicular y potenciar la acción de la hormona folículoestimulante (FSH), que es clave en el crecimiento de los folículos donde maduran los ovocitos. Sobre el papel, esa combinación podría traducirse en una mejor respuesta a la estimulación y en más opciones de lograr embarazo con técnicas como la fecundación in vitro.

El problema es que la mayoría de esos trabajos anteriores tenían muestras pequeñas, diseños heterogéneos y una falta evidente de acuerdo en cuanto a la dosis de testosterona y la duración del tratamiento. Es decir, apuntaban a un posible beneficio, pero sin proporcionar una evidencia sólida que respaldara su uso de manera sistemática en las clínicas.

Un ensayo europeo para despejar dudas

Para aclarar definitivamente este debate, un grupo de especialistas en reproducción asistida de cuatro países europeos puso en marcha un ensayo clínico de gran tamaño y con un diseño especialmente riguroso. El trabajo, coordinado por el equipo de Dexeus Mujer y liderado por el doctor Nikolaos Polyzos, se diseñó como un ensayo aleatorizado, triple ciego y controlado con placebo, publicado en la revista científica Nature Communications.

En total, se incluyeron 288 mujeres de entre 18 y 43 años con baja reserva ovárica, todas candidatas a someterse a un ciclo de fecundación in vitro u otras técnicas de reproducción asistida. Las participantes procedían de distintos centros de España, Suiza, Bélgica y Dinamarca, lo que otorga al estudio un claro carácter europeo y una muestra más representativa de la práctica clínica real.

Del total de mujeres evaluadas, 135 fueron asignadas al grupo que recibió testosterona transdérmica: 5,5 miligramos de gel aplicados una vez al día durante nueve semanas antes del inicio de la estimulación ovárica. El resto, 154 participantes, recibió un tratamiento placebo con las mismas pautas, de modo que ni las pacientes, ni los médicos, ni los evaluadores sabían quién estaba recibiendo realmente la hormona.

El criterio principal de valoración fue la tasa de embarazo clínico, es decir, gestaciones confirmadas mediante ecografía con presencia de saco gestacional y latido cardiaco. Este indicador se considera un estándar a la hora de medir el éxito de los tratamientos de fecundación in vitro, más allá de otros parámetros como el número de ovocitos recuperados o de embriones generados.

Resultados: la testosterona no marca la diferencia

Los datos finales del estudio han sido claros: la testosterona aplicada en gel sobre la piel antes de iniciar la estimulación ovárica no aporta una mejora significativa en comparación con el placebo. Las tasas de embarazo clínico se situaron en el 15,7 % en el grupo tratado con testosterona, frente al 14,9 % registrado en el grupo que recibió placebo.

La diferencia entre ambos porcentajes, desde el punto de vista estadístico, no es relevante. En otras palabras, las probabilidades de lograr embarazo clínico fueron prácticamente las mismas, tanto si las pacientes habían seguido el protocolo con testosterona como si habían recibido una sustancia inactiva durante esas nueve semanas previas.

Este resultado cuestiona la utilidad de una práctica que, pese a no estar universalmente adoptada, sí se había extendido como estrategia coadyuvante en distintos centros de reproducción asistida. Muchos especialistas la proponían con la idea de “dar un empujón” a la respuesta ovárica en casos de baja reserva, aun reconociendo que la evidencia disponible hasta ahora era limitada.

A la luz de los nuevos datos, los autores del ensayo son tajantes: no se recomienda el uso genérico de testosterona transdérmica como complemento estándar en los ciclos de reproducción asistida, al menos en mujeres con baja reserva ovárica en las condiciones evaluadas en este estudio.

Impacto en la práctica clínica en España y Europa

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que ha contado con la participación de 10 centros europeos de referencia, incluidos varios hospitales españoles de gran prestigio en el ámbito de la reproducción asistida. Entre ellos figuran el Hospital Universitari Dexeus, el Hospital Clínic de Barcelona, el Hospital 12 de Octubre y el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

La implicación de estas instituciones hace que los resultados tengan un peso especial en la práctica diaria de las clínicas de fertilidad en España y en otros países europeos. Al tratarse de un ensayo aleatorizado, triple ciego y controlado con placebo, publicado además en una revista de alto impacto como Nature Communications, la solidez metodológica es difícilmente cuestionable.

Para las pacientes, la principal consecuencia práctica es que se evita un retraso innecesario de aproximadamente nueve semanas antes de empezar la estimulación ovárica. Ese tiempo, que se destinaba a la aplicación diaria del gel de testosterona, se puede ahora ahorrar, iniciando el ciclo de FIV de manera más directa, sin añadir esperas que no aportan un beneficio comprobado.

Para los profesionales, la conclusión es igualmente clara: la testosterona transdérmica no debe plantearse como tratamiento rutinario previo a la FIV en baja reserva ovárica, al menos con las pautas evaluadas. Esto no impide que, en contextos de investigación o en casos muy concretos, se sigan estudiando otros enfoques, pero sí desaconseja su uso generalizado como si fuese una herramienta ya validada.

Qué pasa con las esperanzas puestas en los andrógenos

Durante los últimos años, la comunidad científica había mostrado un interés creciente por el posible papel de los andrógenos en la fertilidad femenina. La idea de que hormonas como la testosterona pudieran mejorar la respuesta ovárica tenía una lógica biológica, respaldada por la observación de su función natural en el folículo ovárico.

Los primeros trabajos, aunque no concluyentes, alimentaron la esperanza de que ajustando dosis y duración se pudiese obtener un beneficio clínico tangible. Sin embargo, la mayoría de esos estudios se enfrentaban a las mismas limitaciones: número reducido de participantes, diseños abiertos o poco controlados y resultados inconsistentes de un centro a otro.

El nuevo ensayo europeo viene a llenar precisamente ese hueco, aportando una evidencia robusta y bien estructurada que ayuda a zanjar, al menos por ahora, la discusión sobre la utilidad de la testosterona transdérmica como complemento previo a la FIV en baja reserva ovárica.

Lejos de suponer un retroceso, este tipo de resultados permiten a los equipos clínicos centrarse en estrategias con mayor potencial, evitando mantener en cartera tratamientos que consumen tiempo y recursos sin demostrar un beneficio real para las pacientes.

Hacia nuevas líneas de investigación en FIV

Los autores del estudio insisten en que estos hallazgos no significan que se deba renunciar a buscar nuevas vías para mejorar la FIV en mujeres con baja reserva ovárica. Más bien, señalan la necesidad de redirigir los esfuerzos hacia otras estrategias complementarias que puedan mostrar resultados más prometedores.

Entre las posibles líneas de trabajo se encuentran la optimización de los protocolos de estimulación ovárica, la evaluación de otros agentes adyuvantes con mejor respaldo biológico, el perfeccionamiento de las técnicas de laboratorio o el estudio de factores genéticos y de calidad ovocitaria que podrían influir en el éxito de la fecundación in vitro.

Además, el propio diseño del ensayo —multicéntrico, europeo y con una muestra amplia— sienta un precedente positivo para futuros estudios en reproducción asistida. El sector suele manejar cohortes relativamente pequeñas y resultados muy centrados en la experiencia de cada clínica, de modo que trabajos de este calibre ayudan a unificar criterios y a ofrecer mensajes más claros a pacientes y profesionales.

Desde el punto de vista de las mujeres que se enfrentan a una FIV, disponer de información basada en datos sólidos permite tomar decisiones con mayor tranquilidad. Saber qué tratamientos aportan un beneficio real y cuáles no añaden ventajas significativas puede reducir la carga emocional y económica de un proceso que, de por sí, ya es exigente.

En conjunto, la nueva evidencia sobre la testosterona en la fecundación in vitro marca un punto de inflexión en la forma de abordar los casos de baja reserva ovárica en España y en buena parte de Europa: se descarta su uso generalizado como apoyo previo a la estimulación, se evitan esperas innecesarias y se refuerza la importancia de basar las decisiones clínicas en ensayos rigurosos, abriendo la puerta a investigar con más criterio otras alternativas que puedan traducirse, de verdad, en mejores tasas de embarazo clínico.