Todo lo que está dando que hablar en la Semana de la Moda de París

  • La Semana de la Moda de París se celebra del 2 al 10 de marzo con casi cien firmas en el calendario oficial.
  • Debuts clave como Antonin Tron en Balmain y la última colección de Pieter Mulier en Alaïa marcan un cambio de ciclo creativo.
  • Casas europeas como Dior, Loewe, Rabanne, Schiaparelli o Isabel Marant presentan colecciones que combinan artesanía, humor y reflexión social.
  • El street style y el front row, con figuras como Ester Expósito, Anya Taylor-Joy o Emily Ratajkowski, consolidan las tendencias que llegarán a Europa.

Desfile en la Semana de la Moda de París

La Semana de la Moda de París vuelve a colocar a la capital francesa en el mapa mundial del estilo durante nueve días en los que la ciudad se transforma en un auténtico laboratorio creativo. Calles llenas de fotógrafos, invitadas con estilismos imposibles y un calendario repleto de desfiles hacen que el cierre del circuito de fashion weeks sea, una vez más, el gran momento de la temporada.

Entre el 2 y el 10 de marzo, las principales casas europeas y un nutrido grupo de diseñadores emergentes presentan sus colecciones de prêt-à-porter femenino para otoño-invierno 2026/2027. A la vez que se marcan tendencias para los próximos meses, también se escenifican relevos creativos de peso, regresos esperados y ausencias que hablan del momento convulso que vive la industria.

Un calendario marcado por el contexto internacional

Desde Madrid ya se percibe que, pese al brillo habitual, esta edición de la Paris Fashion Week no vive aislada de la realidad. Las tensiones en Oriente Próximo y la incertidumbre geopolítica se notan, aunque sea de manera indirecta, en una pasarela donde algunas clientas han cancelado sus viajes y muchas conversaciones giran en torno a cuánto puede cambiar el sector en los próximos años.

Bajo este telón de fondo, la Fédération de la Haute Couture et de la Mode ha armado un programa que funciona casi como un termómetro social y económico. En total, 97 firmas y diseñadores forman parte del calendario de prêt-à-porter femenino: 31 optan por el formato de presentación y 66 apuestan por el desfile clásico, el gran espectáculo que sigue siendo la carta de presentación más poderosa para una marca.

La programación arranca con Weinsanto y se cierra con Pierre Cardin, pero entre medias se concentran nombres de enorme peso como Dior, Chanel, Loewe, Saint Laurent, Tom Ford, Hermès, Celine o Alexander McQueen. El objetivo, una vez más, es consolidar a París como capital mundial de la moda, tanto a nivel creativo como de negocio.

No todas las firmas, sin embargo, están presentes. Resultan especialmente llamativas las ausencias de Valentino, Sacai, Maison Margiela, Coperni, Vetements, Casablanca, Meryll Rogge o Giambattista Valli, una casa que sigue apartada de las pasarelas mientras se especula con posibles cambios en su propiedad.

Debuts, despedidas y giros creativos que cambian el tablero

Uno de los grandes atractivos de esta Semana de la Moda de París es el carrusel de relevos en las direcciones creativas. En el calendario se cruzan debuts muy esperados con despedidas cargadas de simbolismo, configurando un auténtico mapa de poder para los próximos años.

Por un lado, el foco está puesto en el debut de Antonin Tron al frente de Balmain, después de la salida de Olivier Rousteing tras catorce años al mando. El diseñador francés, conocido por las líneas arquitectónicas de su firma Atlein, traslada ahora esa visión a una casa histórica, con un desfile en el que predominan chaquetas militares, hombreras exageradas, volúmenes marcados en la cintura y minivestidos bordados con cristales y perlas. Una propuesta que refuerza la idea de una mujer poderosa y futurista.

En el otro extremo se sitúa la última colección de Pieter Mulier para Alaïa antes de su salto a Versace. En apenas cinco años, el belga ha logrado actualizar el legado de Azzedine Alaïa sin perder su esencia, apoyándose en tejidos de punto que esculpen el cuerpo, construcciones limpias y movimiento. Su despedida funciona casi como un resumen de los códigos que ha desarrollado en la casa y que aplauden nombres de referencia como Raf Simons o Matthieu Blazy desde la primera fila.

El calendario suma además nuevas incorporaciones a la modalidad de desfile, como las marcas Litkovska (Ucrania) y Situationist (Georgia), que venían presentando sus colecciones en otros formatos. En el apartado de presentaciones se estrenan la estadounidense Co y las surcoreanas Eenk y Time, junto a etiquetas como Pressiat, Ungaro o Undercover, que refuerzan el carácter global de la pasarela parisina.

La huella española y europea en París

En esta edición la presencia de marcas españolas y vinculadas a España se deja notar tanto en formatos alternativos como en la primera línea del calendario oficial, reforzando el peso del país dentro del ecosistema de la moda europea.

Desde el lado de las presentaciones, la firma barcelonesa Paloma Wool, de Paloma Lana, vuelve a apostar por París por sexta vez consecutiva como escenario para mostrar sus colecciones. Le acompaña de nuevo la etiqueta parisina Abra, del diseñador ilicitano Abraham Ortuño Pérez, que se ha consolidado como un nombre fijo en el programa desde 2024.

En el terreno de los desfiles de pasarela, el protagonismo español llega a través del grupo Puig, propietario de casas como Dries Van Noten, Rabanne, Nina Ricci y Jean Paul Gaultier. Más allá de la repercusión estética de sus propuestas, su participación refleja el peso económico de España en la industria global del lujo.

También destaca el lugar que ocupan firmas con fuertes vínculos con el país, como Balenciaga, de origen vasco, y especialmente Loewe, integrada en el conglomerado francés LVMH. Bajo la batuta de Jack McCollough y Lazaro Hernandez, directores creativos desde 2025, Loewe aprovecha esta edición para consolidar su nueva etapa con una colección femenina y la presentación de una línea masculina que apunta cómo será el rumbo de la casa en los próximos años.

Dior, flores, archivo y poder de convocatoria

Entre las grandes citas europeas de esta Semana de la Moda, el desfile de Dior se mantiene como uno de los momentos más seguidos, tanto por la propuesta en pasarela como por la fuerza mediática de su front row. La firma presenta su colección de otoño-invierno en el Jardín de las Tullerías, con una pasarela circular rodeando un estanque de nenúfares que subraya el vínculo histórico entre la maison y el universo floral.

La colección respira silenciosa luminosidad a través de siluetas bien marcadas, hombros estructurados y cinturas ceñidas que contrastan con faldas vaporosas tipo tutú, estampados delicados y una batería de tacones y accesorios inspirados en las flores. El trabajo de archivo se hace evidente en la reinterpretación de piezas icónicas como las chaquetas Bar y los abrigos de solapa amplia, que recuerdan al New Look adaptado a un contexto actual.

Pero el desfile de Dior no se limita a la pasarela. A las puertas del show, el photocall se convierte en un espectáculo paralelo que marca titulares y define, en parte, las tendencias de la próxima temporada. Actrices, modelos y músicos acuden con estilismos que reafirman conceptos clave como el lujo silencioso, el minimalismo escultural o los guiños góticos al archivo de la casa.

Anya Taylor-Joy apuesta por un vestido de seda rosa melocotón con capa asimétrica que elimina las mangas tradicionales y crea una silueta monolítica. La textura moiré del tejido, el corte midi y unos mules blancos de tacón alto completan una imagen refinada en la que prácticamente no hay joyas, reforzando esa idea de sofisticación discreta.

Florence Hunt reinterpreta el New Look desde un prisma gótico con una chaqueta negra entallada de hombros marcados y volantes deshilachados, camisa blanca de cuello cerrado y una falda de gran volumen en degradado gris-negro que introduce un punto urbano y rebelde. El maquillaje ligero y el peinado sencillo mantienen el foco en las prendas.

Front row global: del minimalismo de vanguardia al homenaje sixtie

El desfile de Dior también sirve de escaparate para un buen número de invitadas que, sin pisar la pasarela, marcan muchas de las tendencias que veremos en Europa en los próximos meses. El minimalismo con guiños arquitectónicos, las referencias retro y el juego con las texturas se repiten en muchos de los looks que acaparan flashes.

Emily Ratajkowski opta por un minimalismo de vanguardia con una blusa de seda marfil de escote halter cruzado, cuyos paneles caen hasta el suelo y transforman la prenda en una especie de capa fluida. La combina con un pantalón negro de sastrería suave, zapatos de punta cuadrada y un maquillaje en tonos tierra que refuerza una imagen etérea pero urbana.

Shay Mitchell rescata el espíritu de los años 60 con un conjunto de dos piezas en pata de gallo: chaqueta entallada que marca la cintura y minifalda a juego. Los Mary Jane de tacón, un clutch negro con volumen y un recogido con flequillo estilo Brigitte Bardot terminan de construir un look que actualiza el tweed clásico sin renunciar a la comodidad.

Alexa Chung mezcla su estética británica con la herencia de Dior mediante una camisa fluida y una minifalda estructurada con estampado floral bucólico. Los accesorios negros y un maquillaje muy natural evitan caer en lo excesivamente romántico y apuntan a un estilo práctico y fácilmente replicable.

Priyanka Chopra se inclina por la sastrería relajada con toques bohemios: top negro básico, blazer gris oscuro colocado sobre los hombros y una falda amplia con brocado floral dorado y negro. Un pañuelo artesanal anudado a la cintura en tonos naranjas y rojos introduce un contraste vibrante, mientras los stilettos negros y el maquillaje en tierra mantienen la coherencia de conjunto.

Entre las propuestas más atrevidas destaca la de Willow Smith, que reivindica una estética Y2K con camisa blanca anudada bajo el pecho, pantalones cargo XL de mezclilla oscura y sandalias de tacón verde lima. Las gafas rectangulares y la joyería dorada refuerzan una imagen de rebeldía controlada muy alineada con el lenguaje actual de la maison.

Rabanne, Schiaparelli, Lanvin y la nueva feminidad europea

Mientras Dior se asienta sobre sus códigos clásicos, otras casas europeas exploran nuevas maneras de entender la feminidad contemporánea, alejándose del acabado perfecto y jugando con mezclas, trompe-l’oeil y volúmenes inesperados.

En Rabanne, Julien Dossena construye una colección basada en la superposición y el choque de texturas. Conviven tejidos metalizados, satén, lentejuelas, encajes, flecos, pelos y bordados, junto a estampados de flores, lunares, tartanes retro y jerséis jacquard que se llevan sobre vestidos. Los tacones de colores con animal print y las medias en tonos rosas y rojos refuerzan una imagen juguetona que refleja una forma actual de consumir moda: mezclar prendas antiguas, nuevas y recontextualizadas.

Daniel Roseberry en Schiaparelli toma como punto de partida una exposición en el Victoria & Albert Museum de Londres que repasa la relación de Elsa Schiaparelli con el arte. Su colección, pensada para mujeres que quieren sentirse más vivas sin renunciar a la comodidad, juega con corsés, sujetadores cónicos, volúmenes que envuelven el cuerpo y detalles irónicos: botones en forma de cerraduras, pequeños animales dorados o cuerpos desnudos dibujados como trampantojos sobre vestidos de punto.

En Lanvin, Peter Copping presenta un diálogo entre el legado de Jeanne Lanvin y las necesidades de hoy. Entre vitrinas de la Galería de Mineralogía y Geología del Museo de Historia Natural, apuesta por tejidos densos como lana y cuero que se aligeran con cortes al bies, volantes suaves y americanas fruncidas en la cintura. Los vestidos de noche con aire flapper y la abundancia de bolsos y accesorios subrayan el objetivo de reconstruir una identidad clara para una casa que busca volver a situarse en la primera línea del lujo europeo.

Otras propuestas, como la de Cecilie Bahnsen, reivindican el valor del proceso humano frente al acabado perfecto que puede ofrecer la tecnología. Su desfile, planteado como una clase de danza con modelos y bailarinas musculadas, combina tutús bordados con camisetas de algodón, faldas voluminosas con mochilas de montaña y manoletinas con lentejuelas, subrayando la importancia de la prueba, el error y el movimiento como motor creativo.

Loewe: humor, artesanía y el reto de definir una nueva era

Entre las casas con sello español, Loewe ocupa un lugar central en esta Semana de la Moda de París. Jack McCollough y Lazaro Hernandez, también conocidos por su trabajo en Proenza Schouler, afrontan la complicada tarea de definir el Loewe de los próximos años, y lo hacen apostando por el humor, la artesanía y una visión muy precisa de marca.

El espacio del desfile, un cubo forrado en cuadros vichy instalado en el Château de Vincennes, ya da pistas sobre la intención lúdica de la colección. Entre el público, enormes peluches de pulpos, cangrejos o delfines —obras de la artista alemana Cosima von Bonin— se sientan como si fueran invitados, mezclando códigos pop con ironía y cuestionando estructuras aparentemente intocables.

En la pasarela, el dúo propone prendas que, a primera vista, resultan seductoras y fáciles de llevar, pero esconden capas de complejidad técnica. Abundan las chaquetas acolchadas que parecen infladas, cazadoras con triple capucha, vestidos de flecos que en realidad son pulseras de cuentas con motivos florales de von Bonin y piezas en látex líquido que recuerdan al océano, confeccionadas a partir de moldes en 3D.

La colección, segunda femenina de los diseñadores e incluida por primera vez una línea masculina, se apoya en la experimentación con materiales y en la idea de que la artesanía puede ser divertida. Jack y Lazaro insisten en la necesidad de mantener una visión nítida y coherente para no confundir al público sobre lo que representa la marca, aprovechando esta temporada para desarrollar y afinar los códigos presentados en su debut de octubre.

Detrás de la propuesta también hay un énfasis en la trazabilidad y la colaboración con artesanos de distintas partes del mundo: lana procedente de Italia con garantías de bienestar animal, cashmere trabajado junto a la artista textil Julia Trofimova o fieltro elaborado a mano en un pequeño taller de Rajastán. Todo ello confirma a Loewe como un actor clave en la conversación europea sobre artesanía, sostenibilidad y humor en la moda.

Balmain, Stella McCartney, Isabel Marant y el pulso del prêt-à-porter

Más allá de los grandes titulares, el día a día de la Semana de la Moda de París lo marcan las colecciones de prêt-à-porter que definen cómo se vestirá Europa el próximo invierno. En este terreno, nombres como Balmain, Stella McCartney o Isabel Marant marcan el compás con propuestas que mezclan tendencia y funcionalidad.

El debut de Antonin Tron en Balmain confirma la apuesta de la casa por una silueta femenina radicalmente empoderada: chaquetas militares reforzadas, vestidos con hombreras sobredimensionadas, gabardinas de cuero estructuradas y minivestidos con pedrería y cristales que parecen piezas de joyería. La colección lleva al extremo el juego entre arquitectura, fuerza y sensualidad que ya caracterizaba al diseñador.

En Stella McCartney, el Año del Caballo sirve como punto de partida para un desfile de atmósfera ecuestre y terrenal. Con un 93% de materiales sostenibles, la colección combina chaquetas y abrigos de hombros marcados, vestidos de siluetas definidas y mucho denim en forma de vaqueros de tiro alto que se combinan con camisetas de rayas o piezas de color block. Por la noche, la propuesta se vuelve más festiva con vestidos lenceros transparentes, tejidos metalizados, lentejuelas y un guiño personal en unos vaqueros cubiertos de piedras de colores y una camiseta con el lema «My dad is a rock star».

Isabel Marant mantiene su ADN de rock francés y chic despreocupado con una colección diseñada para it girls que podría verse perfectamente en las calles de Madrid o Barcelona. Los vaqueros rotos, los shorts combinados con chaquetas de cuero rectas, los jerséis marineros y las transparencias en cuero y vinilo construyen un armario pensado para la noche, donde el negro convive con rojos intensos, azules profundos y grises antracita.

Rabanne, por su parte, continúa alimentando el imaginario de una feminidad que rehúye el pulido absoluto y abraza las mezclas aparentemente imposibles. El resultado son looks que se sienten cercanos a la forma real en la que muchas europeas combinan prendas de diferentes épocas y estilos.

Una pasarela que también mira a la tecnología y al futuro

A medida que avanza la Semana de la Moda de París, se hace más evidente que una de las grandes conversaciones de fondo gira en torno a la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. En más de un desfile sobrevuela la misma pregunta: ¿qué puede aportar todavía un diseñador humano que no pueda generar una máquina en cuestión de segundos?

La respuesta, al menos por ahora, parece estar en la mirada humana, el humor y la capacidad de equivocarse. Casas como Loewe o Cecilie Bahnsen dejan claro que el valor diferencial no reside solo en el resultado final, sino en el proceso, en la experimentación y en la construcción de un universo coherente que el público pueda reconocer temporada tras temporada.

Al mismo tiempo, el programa oficial refuerza la dimensión digital de la semana de la moda con un amplio sistema de transmisiones en vivo, que permite seguir desfiles de gigantes como Saint Laurent desde cualquier ciudad europea. Para muchos consumidores, el streaming se ha convertido en la puerta de entrada a un evento que antes parecía reservado a unos pocos.

La casa fundada por Yves Saint Laurent, hoy dirigida por Anthony Vaccarello, sigue explotando su herencia de sastrería andrógina, dinner jackets femeninos, chaquetas safari y monos de corte ultra sastre. Bajo un enfoque sensual y arquitectónico, el diseñador belga mantiene vivo el espíritu revolucionario de la firma mientras adapta sus códigos a una audiencia global hiperconectada.

El otro gran escenario: el street style y las tendencias de calle

Si hay algo que define a la Semana de la Moda de París es que el espectáculo no termina en la pasarela. Entre desfile y desfile, las calles cercanas a los recintos se llenan de editoras, influencers, celebrities y parisinas anónimas que convierten el street style en un auténtico laboratorio de tendencias.

En esta edición, la falda midi negra se ha consolidado como uno de los grandes básicos de la temporada. Aparece en versiones rectas, con vuelo, en cuero o en tejidos ligeros, y se combina tanto con botas altas de aire urbano como con zapatos de tacón bajo que permiten aguantar jornadas maratonianas de desfiles.

El pantalón skinny con abertura en el bajo vuelve discretamente tras varias temporadas dominadas por las siluetas amplias. Esa pequeña abertura crea un efecto ligeramente acampanado que estiliza la pierna y funciona bien tanto con mocasines como con sandalias de tacón.

Otra prenda que ha sorprendido es el polo de rayas de manga larga, que deja atrás su imagen deportiva para incorporarse a looks más cuidados. Se ve con vaqueros, bermudas e incluso con faldas elegantes, demostrando que el armario preppy puede reinventarse en clave chic.

Entre las propuestas más arriesgadas destaca el llamado doble pantalón, una tendencia en la que se lleva un pantalón de tipo boxer asomando por encima de otro, o un pantalón de cuero bajo unos vaqueros. Es una fórmula que probablemente no llegue al gran público, pero que resume bien el gusto actual por las capas y las superposiciones extremas.

Las faldas asimétricas, con largos desiguales que aportan movimiento, y las botas muy altas que superan la rodilla —combinadas con minifaldas y pantalones cortos— completan un paisaje de tendencias que, con toda probabilidad, veremos replicado en ciudades como Madrid, París, Milán o Berlín durante el entretiempo.

En cuanto a accesorios, las gafas de sol maxi con monturas contundentes dominan muchas de las fotografías de street style, aunque los modelos finos y alargados siguen presentes. Todo indica que ambos estilos convivirán, permitiendo jugar según el ánimo del día.

Entre la solemnidad de las grandes casas europeas, la experimentación de firmas emergentes, el humor de colecciones como la de Loewe y el hervidero de tendencias que se vive en el street style, esta Semana de la Moda de París confirma a la ciudad como un escenario donde lujo, crítica social, artesanía y espectáculo siguen entrelazándose. Para España y el resto de Europa, el escaparate parisino funciona una vez más como brújula: marca qué se llevará, a qué nombres conviene no perder de vista y cómo la moda continúa reflejando, a su manera, la compleja realidad del momento.

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