En este sitio web hemos hablado sobre muchas enfermedades relacionadas con el órgano sexual masculino, algunas muy conocidas y que muchos hombres tienen la desgracia de sufrir y otras que se suelen padecer con muy poca frecuencia. Hoy vamos a hablar de una de esas enfermedades inusuales y que son muy poco conocidas, salvo por aquellos que la sufren y la padecen.
Estamos hablando del priapismo o lo que es lo mismo las erecciones involuntarias y prolongadas. Tal vez por ser algo bastante desagradable, y muy difícil de comentar incluso con la pareja o el médico, casi nadie afirma haber padecido esta enfermedad o cuenta algo sobre ello. Con total seguridad podríamos apostar a que no conoces a ningún amigo o familiar que haya sufrido priapismo, y no porque no los haya, sino porque jamás se lo confesarán a nadie.
A continuación vamos a ofrecerte una gran cantidad de información, creemos que bastante útil e interesante, aunque como de costumbre nuestra recomendación es que no te conviertas en un médico ocasional, y si sospechas que estás sufriendo alguna enfermedad en tu pene, acudas al médico para que sea él quien te explore, te diagnostique y sobre todo te recete un tratamiento.
¿Qué es el priapismo?

Esta enfermedad que hoy nos ocupa, y preocupa, le debe su nombre a Príapo, el dios griego de la fertilidad, que era representado en las pinturas y esculturas como un hombre con un falo enorme y erecto, que era a su vez el símbolo de la fecundación.
Dejando de lado la mitología griega, al priapismo se le define técnicamente como una erección persistente de más de 4 horas que continúa más allá de la estimulación sexual o aparece sin deseo ni excitación. La erección puede ser completa o parcial, pero siempre es anómala porque el pene no vuelve a la flacidez de forma normal.
Desde el punto de vista médico, el priapismo es una emergencia urológica cuando es de origen isquémico, ya que una erección mantenida durante muchas horas puede dañar de forma irreversible el tejido del pene y provocar disfunción eréctil permanente.
Actualmente se conocen dos variantes principales del priapismo, la isquémica (de bajo flujo) y la no isquémica (de alto flujo). Existe además una forma llamada priapismo recurrente, que consiste en episodios repetidos, generalmente asociados a enfermedades de la sangre como la anemia falciforme.
Priapismo isquémico o de bajo flujo: es el tipo más frecuente. En este caso el pene permanece erecto durante largos períodos de tiempo porque la sangre queda atrapada en los cuerpos cavernosos y no puede salir. Al no renovarse, la sangre pierde oxígeno, se vuelve ácida y tóxica para el tejido. Esto puede llegar a provocar intensos dolores y, si no se trata a tiempo, la muerte de las células del tejido eréctil y fibrosis con pérdida de la capacidad de erección.
Priapismo no isquémico o de alto flujo: es menos común y suele estar relacionado con traumatismos en el pene o el periné (por ejemplo, un golpe montando en bicicleta o en deportes de contacto) que producen una pequeña fístula entre una arteria y los cuerpos cavernosos. El pene recibe un flujo arterial continuo, pero sin que la salida venosa se bloquee por completo. En general es indoloro, el pene está en erección pero no llega a tener la rigidez extrema del priapismo isquémico y el riesgo de daño tisular es mucho menor.
El priapismo recurrente, por su parte, se caracteriza por episodios repetidos de erecciones dolorosas que se resuelven espontáneamente o con tratamiento, pero que tienden a reaparecer con el tiempo. Se relaciona con frecuencia con anemia falciforme y otras alteraciones de la sangre.

¿Cuáles son las causas del priapismo?
Esta enfermedad puede afectar a hombres de cualquier edad, desde niños hasta adultos mayores, y sus causas son muy variadas. En muchos casos la causa exacta no llega a identificarse (priapismo idiopático), pero se conocen múltiples factores que pueden desencadenarlo o favorecerlo.
Una de las principales causas conocidas de priapismo, especialmente del tipo isquémico, es sufrir o haber sufrido alguna enfermedad en la sangre como pueden ser la leucemia y, sobre todo, la anemia falciforme. Esta última enfermedad hace que los glóbulos rojos se encuentren deformados (con forma de hoz) y puedan bloquear el flujo de la sangre en los vasos. Si esos glóbulos rojos deformados llegan al pene, no pueden fluir de la forma correcta, evitando que la erección desaparezca con el paso del tiempo tal y como sucede normalmente.
Además de las enfermedades hematológicas, el priapismo también se suele relacionar con lesiones del pene, de la pelvis o de la uretra. Un golpe directo o un traumatismo perineal puede romper una arteria y crear una comunicación anómala con los cuerpos cavernosos, lo que genera un priapismo de alto flujo. También se han descrito casos secundarios a cirugías en la zona genital.
Por otro lado, el veneno de algunos animales como los escorpiones y ciertas infecciones o inflamaciones en la región pélvica pueden causar esta enfermedad que, sin ser siempre muy grave, sí puede ser muy dolorosa.
Muchos expertos también afirman que el alcohol o las drogas recreativas pueden ser causas de sufrir un priapismo. La cocaína, la marihuana, la heroína y el consumo excesivo de alcohol se han asociado con episodios de erección prolongada, tanto de bajo como de alto flujo.
Otro apartado importante son los medicamentos. Algunas sustancias que se inyectan en el pene para provocar una erección, utilizadas tanto en pruebas diagnósticas (como el estudio doppler del pene) como en el tratamiento de la disfunción eréctil, pueden desencadenar priapismo. Es el caso, por ejemplo, de la prostaglandina E1 (Caverject) y de combinaciones como el conocido Trimix (muy utilizado en algunos países). También se han asociado otros fármacos de uso habitual, como:
- Antihipertensivos (hidralazina, prazosin, antagonistas del calcio).
- Psicofármacos (neurolépticos clásicos y atípicos como clorpromazina, tioridazina, risperidona u olanzapina).
- Anticoagulantes (warfarina, heparina).
- Hormonas y andrógenos como la testosterona en determinadas circunstancias.
- Inhibidores de la PDE5 a dosis muy altas en personas predispuestas.
Además de los fármacos y las drogas, existen otras causas menos frecuentes pero descritas en la literatura médica:
- Neoplasias de vejiga, próstata o recto, que por extensión local pueden obstruir el drenaje venoso del pene.
- Enfermedades neurológicas que alteran el control de la erección (lesiones medulares, esclerosis múltiple, traumatismos craneales, compresiones medulares, etc.).
- Enfermedades infecciosas (paludismo, ricketsiosis, parotiditis, tularemia) o inflamatorias (prostatitis, tromboflebitis pélvicas).
- Trastornos metabólicos y de depósito, como la amiloidosis o la enfermedad de Fabry.
En el caso concreto del priapismo arterial o de alto flujo, casi siempre se debe a un traumatismo perineal o peneano que origina una fístula y desparrama sangre arterial en el cuerpo cavernoso. Muchos de estos traumatismos se producen al practicar ciclismo, deportes de impacto o caídas sobre la zona genital. Con menor frecuencia, puede aparecer tras la inyección intracavernosa de medicamentos para la disfunción eréctil o la realización de una cirugía en el pene.
En cuanto al priapismo recurrente, además de la anemia falciforme, se han descrito factores desencadenantes como la actividad sexual intensa, la deshidratación, la fiebre o la exposición al frío. En muchos casos, sin embargo, no se identifica una causa clara más allá de la predisposición individual.

¿Cómo se diagnostica el priapismo?
Aunque muchas veces el propio paciente reconoce que algo no va bien al tener una erección prolongada y a menudo dolorosa, el diagnóstico médico es fundamental para diferenciar el tipo de priapismo y actuar con la urgencia necesaria.
El primer paso es una evaluación clínica detallada por parte del urólogo o del médico de urgencias. Incluye una historia clínica completa (enfermedades previas, fármacos, consumo de drogas, traumatismos recientes, tratamientos para la erección) y una exploración física del pene para valorar si está completamente rígido, si el glande está flácido o no, y el grado de dolor.
En el priapismo isquémico típico, el pene está muy rígido y doloroso, sobre todo la parte de los cuerpos cavernosos, mientras que el glande suele permanecer relativamente blando. En el priapismo arterial o de alto flujo, la erección acostumbra a ser parcial, elástica y poco dolorosa, con antecedentes de golpe o lesión.
Para confirmar el diagnóstico y afinar el tratamiento se utilizan varias pruebas:
- Analítica de sangre general para descartar o detectar alteraciones hematológicas (leucemia, anemia falciforme, trombocitopenias) u otras enfermedades de base.
- Gasometría cavernosal: se aspira una pequeña cantidad de sangre de los cuerpos cavernosos para analizar sus niveles de oxígeno, dióxido de carbono y pH. En el priapismo isquémico la sangre es oscura, muy poco oxigenada y ácida, mientras que en el no isquémico se parece a la sangre arterial normal.
- Ecografía doppler del pene: permite valorar el flujo sanguíneo en las arterias cavernosas y detectar ausencia de flujo en los casos isquémicos o flujo alto y fistuloso en los de alto flujo.
- Resonancia magnética del pene, en situaciones seleccionadas, para ver la posible trombosis de los cuerpos cavernosos o daños estructurales.
- Arteriografía selectiva de la arteria pudenda interna, sobre todo en el priapismo de alto flujo, ya que permite localizar la fístula y, en la misma intervención, realizar una embolización terapéutica si se considera necesario.
En algunos casos, sobre todo si se sospecha relación con tóxicos o medicamentos, se realizan pruebas toxicológicas o se revisa de forma minuciosa la medicación habitual del paciente para detectar posibles fármacos implicados.
Tratamientos para el priapismo
Como siempre solemos decir al hablar de este tipo de enfermedades, lo primero que deberemos de hacer si sufrimos alguno de los síntomas antes expuestos es acudir a un especialista para que nos haga una exploración completa. Ese médico será el encargado de aplicarnos o recetarnos un tratamiento, pero en ningún caso y bajo ningún concepto debemos de tratarnos por nosotros mismos.
Para el priapismo hay que diferenciar si estamos ante la variante isquémica o no isquémica para optar por un tratamiento u otro. En el caso de que estemos ante el priapismo isquémico deberemos de acudir cuanto antes a un servicio de urgencias para que se ponga en marcha un tratamiento, ya que de lo contrario podemos llegar a sufrir una disfunción eréctil permanente.
En el priapismo isquémico, al imposibilitarse la salida de la sangre del pene, esta va perdiendo el oxígeno que contiene, convirtiéndose en un líquido tóxico para el organismo que, como ya decíamos, puede causar daños irreparables en el pene, hasta llegar al punto de tener que ser necesaria una amputación del mismo en situaciones extremas.
En la mayoría de los casos el especialista realiza una técnica de emergencia para sacar la sangre acumulada. Esta técnica consiste en puncionar los cuerpos cavernosos con una aguja, aspirar la sangre oscura y, en muchos casos, realizar lavados con suero fisiológico. Con frecuencia se asocia la inyección intracavernosa de fármacos agonistas alfa-adrenérgicos (como la fenilefrina) que actúan de forma directa sobre los vasos sanguíneos y ayudan a que se reanude el flujo de la sangre correctamente, contrayendo las arterias y favoreciendo la flacidez.
En algunos centros también se han utilizado otros medicamentos, como la terbutalina por vía subcutánea o el azul de metileno en priapismos de corta duración inducidos farmacológicamente. Siempre es el urólogo quien decide el fármaco y la dosis más adecuada según el caso.
Si la erección persiste a pesar de estas maniobras, o si el priapismo lleva muchas horas de evolución (más de 24-36), puede ser necesario recurrir a la cirugía. El objetivo de las intervenciones quirúrgicas es crear pequeñas comunicaciones (shunts) entre los cuerpos cavernosos y otras estructuras (cuerpo esponjoso, glande o venas) para permitir la salida de la sangre estancada y su reoxigenación. Cuando el priapismo se ha prolongado durante más de 48-72 horas, el riesgo de fibrosis es tan alto que algunos expertos recomiendan incluso el implante precoz de una prótesis de pene para preservar la longitud y funcionalidad del órgano.
En el caso del priapismo arterial o de alto flujo, el tratamiento definitivo puede diferirse, ya que no existe isquemia ni un riesgo tan inmediato de daño tisular. Muchas veces se opta inicialmente por un manejo conservador, especialmente en niños, que incluye reposo, aplicación de hielo con presión suave sobre el periné y, en determinados casos, tratamientos hormonales para reducir las erecciones nocturnas. En bastantes pacientes, las fístulas se cierran de manera espontánea con el tiempo.
Si el priapismo de alto flujo no se resuelve o resulta muy molesto, se puede recurrir a la embolización arterial selectiva. Mediante arteriografía, se localiza la fístula y se introduce un material (coágulo autólogo, partículas o coils metálicos) para cerrarla. Con ello se frena el flujo anómalo y se suele recuperar una función eréctil adecuada. Existe un pequeño riesgo de disfunción eréctil o complicaciones locales, por lo que la indicación debe individualizarse.
El priapismo recurrente requiere un enfoque algo distinto, ya que el objetivo no es sólo resolver un episodio agudo sino evitar que se repitan. Para ello se han utilizado diversos tratamientos médicos que buscan estabilizar los mecanismos de la erección: fármacos como la pseudoefedrina, etilefrina, terbutalina, digoxina, gabapentina, inhibidores de la 5 alfa reductasa e incluso inhibidores de la PDE5 en dosis continuas. Aunque estas últimas sustancias se utilizan para inducir la erección, administradas de forma crónica pueden ayudar a reequilibrar la bioquímica de los cuerpos cavernosos y disminuir los episodios de priapismo en pacientes seleccionados, especialmente con anemia falciforme.
Más allá de los tratamientos médicos y quirúrgicos, existen ciertas medidas generales que pueden ayudar en el manejo de esta enfermedad:
- Mantener una buena hidratación, algo clave en enfermos con anemia falciforme.
- Evitar el consumo de alcohol y drogas recreativas, especialmente cocaína y marihuana.
- Revisar periódicamente con el médico los medicamentos crónicos que puedan favorecer la aparición de priapismo.
- Cuidar la salud vascular general con una dieta equilibrada, ejercicio moderado y control de factores de riesgo como la hipertensión o la diabetes.

¿Debo de preocuparme el priapismo?
El priapismo, como ya hemos dicho anteriormente, es una enfermedad poco común, aunque sí que la sufren algunos hombres que en pocas ocasiones reconocen padecerla. Diagnosticada a tiempo no suele suponer demasiadas complicaciones, pero cuando se deja pasar y se espera demasiado, puede transformarse en un problema de grandes dimensiones.
Por desgracia esta enfermedad suele confundirse con otros problemas o incluso no reconocerse o identificarse. Muchos hombres piensan que la erección bajará sola, se sienten avergonzados y retrasan su visita a urgencias, lo que aumenta el riesgo de que se produzca fibrosis de los cuerpos cavernosos, deformidad del pene y disfunción eréctil severa.
Actualmente existen varios tratamientos eficaces que permiten decir que esta enfermedad no debe de preocuparte en exceso si actúas con rapidez. Lo verdaderamente importante es que, en el caso de que padezcas algunos de los síntomas de los que hemos hablado (una erección que dura más de 4 horas, dolor intenso en el pene, hinchazón o dificultad para que la erección desaparezca), acudas cuanto antes a un especialista para que te haga una exploración completa y realice las valoraciones correspondientes.
Como solemos decir con todas las enfermedades que hemos tratado en este sitio web, ninguna enfermedad del órgano reproductor masculino debe minimizarse ni ocultarse. La mayoría de ellas tienen tratamiento y solución, pero suele ser básico detectarlas a tiempo y, sobre todo, no esconderse ni tratar de ponerles fin con remedios caseros o que hayamos encontrado a través de la red.
Si ves que algo raro pasa en tu pene, ya sea una erección prolongada, dolor, cambios de color, curvaturas repentinas o problemas para conseguir o mantener la erección, acude a un médico, a pesar de que te pueda dar vergüenza. Es la mejor manera de no complicar las cosas y tratar de ponerle una solución profesional y segura a cualquier cosa que te pueda estar pasando o sucediendo.

La combinación de información adecuada, actuación rápida ante los síntomas y seguimiento con un especialista en urología hace que, pese a lo llamativa e incómoda que resulta, la mayoría de los hombres con priapismo puedan conservar una buena salud sexual y una vida íntima satisfactoria cuando reciben el tratamiento correcto a tiempo.

