Hemos hablado más de una vez de la importancia de llevar un corte de pelo adecuado para las proporciones de nuestro rostro, pero de nada sirve peinarse por las mañanas si no se aplican productos fijadores como la gomina, la cera o la laca.
Y es que, sin nada que lo impida, el cabello tiende a volver a su posición natural, deshaciendo nuestro peinado y estropeando, por lo tanto, nuestro look en cuestión de horas o incluso minutos, dependiendo de la estructura capilar de cada persona. Así que en esta ocasión, os ofrecemos consejos para el empleo de laca, nuestro producto favorito de los tres.

Por qué la laca sigue siendo imprescindible
Durante mucho tiempo, la laca se ha asociado a peinados rígidos, cabellos sin movimiento y melenas tipo casco. Sin embargo, las fórmulas actuales han evolucionado de forma notable y hoy permiten lograr desde un acabado muy natural hasta una fijación extrema, sin apelmazar ni dejar residuos visibles si se usa correctamente.
Los expertos en peluquería coinciden en que la laca sigue siendo un clásico imprescindible en el estilismo del cabello porque no solo aporta fijación, también ayuda a aumentar el volumen, controlar el encrespamiento, potenciar el brillo e incluso proteger el peinado frente a la humedad o el viento. Además, existen versiones con diferentes grados de fijación, formulaciones más suaves, sin alcohol o con ingredientes acondicionadores que cuidan la fibra capilar.
En general, el uso de la laca se vinculó durante mucho tiempo a personas de mayor edad y a peinados ultraestructurados. Hoy, en cambio, se integra sin problemas en rutinas masculinas y femeninas que buscan acabados naturales, texturas con movimiento y peinados desenfadados pero que aguantan muchas horas en su sitio.
Elegir una buena laca para tu tipo de cabello
Lo primero es hacerse con una buena laca, que no será necesariamente la de la marca más conocida ni la más cara, sino la que ofrezca la combinación adecuada de fuerza fijadora, acabado y cuidado del cabello según tus necesidades.
La laca Nelly te ayudará a que tu peinado aguante en su sitio alrededor de ocho horas y, además, es de las más económicas de la tienda (no alcanza los 2 euros). Ideal para uso diario si buscas una relación calidad-precio muy ajustada y una fijación fiable para peinados cotidianos.

Además de opciones clásicas como esta, conviene tener en cuenta que hoy existen lacas específicas para distintos tipos de cabello y objetivos de peinado:
- Cabello fino: mejor una laca voluminizadora, de fijación ligera o media, que no apelmace y aporte cuerpo a las raíces.
- Cabello grueso: suele necesitar una fijación fuerte o extrafuerte para mantener el peinado bajo control durante todo el día.
- Cabello rizado: las lacas con efecto antiencrespamiento y memoria de forma ayudan a definir el rizo y mantenerlo elástico.
- Cabello teñido: es recomendable buscar lacas con filtros UV y protección del color para evitar que se apague con el sol.
- Cabello seco o sensible: fórmulas sin alcohol o con agentes acondicionadores como pantenol o glicerina minimizan la sensación de sequedad.
En muchos casos, también interesa fijarse en beneficios extra como la protección antihumedad, la resistencia al encrespamiento o la presencia de componentes que aporten brillo sin dejar efecto graso.
Cómo preparar el cabello antes de aplicar la laca
Ahora que ya tenemos el producto, es el momento de aplicarlo sobre el cabello, pero antes hay que dar al peinado la forma deseada, tanto en lo que se refiere a la dirección de los mechones como al volumen, ya que después será mucho más difícil modificarlo.
Siempre que sea posible, es recomendable empezar con el cabello limpio y seco, porque así la laca se adhiere mejor, fija con más eficacia y no se mezcla con restos de grasa o suciedad. Un buen cepillado previo ayuda a eliminar nudos, repartir los aceites naturales y conseguir una base suave sobre la que trabajar.
Cuando se busca un acabado con volumen, un brushing con secador y cepillo redondo o el uso de un secador con difusor pueden marcar una gran diferencia antes de fijar con laca. En cabellos muy encrespados, aplicar previamente un producto ligero de control o un sérum antifrizz facilitará que la laca actúe solo como capa de fijación y no tenga que dominar todo el frizz por sí misma.
Aplicación correcta: distancia, cantidad y técnica
Una vez tenemos el peinado más o menos como nos gusta, aplicamos la laca a 20 o 30 centímetros de distancia. Mantener esa separación es clave para lograr una niebla fina y uniforme de producto sobre todo el cabello, en lugar de concentrarlo en un punto y mojar los mechones.
La mayoría de especialistas recomiendan trabajar con pulverizaciones breves en movimiento, sin dejar quieto el bote, describiendo círculos o pasadas amplias alrededor de la cabeza. De este modo, las partículas se reparten de forma homogénea y el pelo no se ve pesado ni acartonado. Aquí se aplica perfectamente la regla de menos es más: es preferible aplicar varias capas ligeras que saturar de producto en un solo gesto.
Si buscas fijación extra en la raíz para levantar el cabello y conseguir efecto push-up, puedes inclinar la cabeza hacia delante o hacia un lado, levantar mechones con los dedos o con el peine y pulverizar pequeñas cantidades directamente en la base. Después, deja secar unos segundos, echa el pelo hacia atrás y acomódalo con las manos.
Después de aplicar la laca, se pueden hacer algunos retoques, pero utilizando las manos o esperando a que se seque el producto si necesitamos pasar de nuevo el peine por alguna zona. Para acelerar el proceso, es muy útil el empleo de un secador de pelo, que es, además, un instrumento fundamental cuando se buscan peinados con volumen, como el que lucen Zayn Malik y Zac Efron en la imagen de cabecera.
Trucos avanzados para controlar volumen, frizz y detalles
Más allá de la aplicación general, la laca permite soluciones muy precisas si se usa con pequeñas herramientas o directamente con las manos. Algunos trucos profesionales para perfeccionar el acabado son especialmente útiles en el día a día.
Para evitar el encrespamiento o dominar los típicos pelitos que se levantan en la parte superior, puedes pulverizar una pequeña cantidad sobre las palmas de las manos, frotarlas ligeramente y pasarlas con suavidad por la superficie del cabello, concentrándote en el nacimiento del pelo y la zona de la raya. Esta técnica aporta control sin empapar el peinado.
Otra opción muy práctica es aplicar la laca sobre un peine de púas finas o incluso sobre un cepillo de dientes limpio que ya no uses. Con estas herramientas puedes peinar zonas concretas, alisar remolinos rebeldes, marcar la forma de las patillas o controlar los baby hairs alrededor de la frente sin tocar el resto de la melena.
Si quieres un acabado especialmente homogéneo en medios y puntas, rociar un poco de laca en tu cepillo habitual antes de pasarlo por el pelo ayuda a distribuir el producto capa a capa, logrando mucho control sin rigidez. Esta técnica es ideal para peinados sueltos con brillo y poca electricidad estática.
Cuando el objetivo es una fijación muy duradera, especialmente en recogidos o ondas marcadas, un truco muy efectivo consiste en aplicar una capa ligera de laca antes de utilizar las herramientas de calor (rizador, tenacillas, plancha de ondas) y reforzar con otra pulverización suave al finalizar el peinado. El calor ayuda a que la laca active su “memoria de forma” y el peinado aguante más tiempo.
Usar la laca para diferentes tipos de peinado
La laca no se limita a sellar el look al final; bien utilizada, se convierte en una herramienta muy versátil para crear texturas y estructuras variadas según el estilo que busques.
Si quieres un look con volumen espectacular en un cabello fino o algo aplastado, inclina la cabeza hacia delante y rocía laca en las raíces con pasadas cortas, masajeando después con las yemas de los dedos para distribuir bien el producto. Esta técnica funciona muy bien en brushings, coletas altas y peinados con aire retro que requieren altura en la parte superior.
Para rizos y ondas, la laca ayuda a definir y mantener la forma sin apelmazar. Una vez que hayas creado las ondas con rizador o plancha, rocía ligeramente cada sección a cierta distancia, dejando que el producto se pose como una niebla. Puedes retorcer suavemente cada rizo con los dedos tras la aplicación para reforzar su forma. Así conservarás un rebote natural y evitarás que los bucles se deshagan con el paso de las horas.
En el caso de recogidos (moños elegantes, trenzas elaboradas, semirrecogidos o coletas pulidas), conviene reservar la laca para el último paso de la rutina de peinado. Una pulverización uniforme fijará la estructura, evitará que se escapen tantos cabellos sueltos y te dará tranquilidad para eventos largos sin tener que retocar continuamente.
Si sueles presumir de una melena impecable, la laca puede ocupar un lugar esencial en tu neceser: usada con mesura, con la distancia adecuada y acompañada de un buen cepillado al final del día, se convierte en un aliado para lograr peinados más duraderos, con más cuerpo y un acabado mucho más pulido de forma rápida.
Cuidados, retirada de la laca y frecuencia de uso
La mayoría de lacas se quitan fácilmente con el cepillado, razón por la que, a diferencia de la gomina, apenas ensucian el cabello cuando se utilizan en cantidades moderadas. Un buen hábito es cepillar bien el pelo antes de dormir, no solo para eliminar los excesos de producto, sino también para activar la circulación del cuero cabelludo y retirar partículas de contaminación acumuladas durante el día.
Al día siguiente, se repite el mismo proceso y pueden pasar cuatro o cinco días de aplicar y retirar laca hasta que sea necesario lavarse el pelo, siempre que no se abuse de otros productos pesados. Recordemos que se recomienda no lavarse la cabeza más de dos veces por semana en muchos tipos de cabello para no resecar en exceso la fibra capilar, aunque esta frecuencia puede variar según tu cuero cabelludo, tu nivel de actividad física o el entorno en el que vivas.
Si te preocupa la posible acumulación de residuos, puedes incorporar de vez en cuando un champú de arrastre suave o clarificante para limpiar bien el cabello y el cuero cabelludo, especialmente si utilizas lacas de fijación fuerte casi a diario. Lo importante es encontrar un equilibrio entre el uso de producto, el cepillado diario y la rutina de lavado que mejor se adapte a tu tipo de pelo.
Usada correctamente, con una cantidad ajustada y eligiendo la fórmula más adecuada, la laca no tiene por qué dañar el cabello ni volverlo más frágil. Al contrario, puede ayudarte a proteger el peinado frente a la humedad, el frizz y la electricidad estática, facilitando que tu look se mantenga impecable durante más tiempo sin necesidad de repetir constantemente el peinado desde cero.
