Mihura, el último comediógrafo: homenaje en los escenarios españoles

  • La obra "Mihura, el último comediógrafo" rinde tributo a la vida y legado de Miguel Mihura, figura clave del teatro cómico español.
  • El texto de Adrián Perea, dirigido por Beatriz Jaén, combina humor, metateatro y un repaso a los claroscuros vitales del dramaturgo.
  • El montaje recorre teatros como el Juan Bravo de Segovia, el Bergidum de Ponferrada y el Centro Cultural Caja de Burgos.
  • La pieza profundiza en el difícil camino hasta el estreno de "Tres sombreros de copa" y en la persistencia de Mihura frente a los fracasos.

Escena teatral homenaje a Miguel Mihura

La obra «Mihura, el último comediógrafo» se ha convertido en uno de los homenajes más completos y sugerentes a la figura de Miguel Mihura que han pasado recientemente por los escenarios españoles. Con una mezcla de humor, ternura y mirada crítica, el montaje reconstruye la trayectoria personal y profesional de uno de los grandes renovadores de la comedia en el siglo XX.

Lejos de quedarse en una simple biografía dramatizada, la producción utiliza el propio lenguaje escénico para mostrar cómo un hombre rodeado de desengaños, esperas interminables, desamores y fracasos fue capaz de transformar todo ese bagaje en risa inteligente, construyendo un legado que todavía hoy marca el pulso del teatro cómico en España.

Un recorrido escénico por la vida de Miguel Mihura

En «Mihura, el último comediógrafo» el público asiste a un viaje por los claroscuros de la vida de Miguel Mihura, desde sus primeros pasos como autor hasta el reconocimiento tardío que obtuvo con el estreno de «Tres sombreros de copa». La obra presenta a un creador que, a pesar de encadenar tropiezos profesionales y personales, nunca dejó de escribir ni de experimentar con nuevas formas de humor.

El montaje dibuja una existencia plagada de resbalones metafóricos, desencantos amorosos y proyectos frustrados, pero también de una obstinada fidelidad al teatro como forma de vida. Esa dualidad convierte al propio Mihura en un personaje digno de sus comedias, alguien que se levanta tras cada caída y convierte la adversidad en material escénico.

Uno de los ejes centrales de la pieza es el tortuoso camino que siguió «Tres sombreros de copa», escrita en su juventud y archivada durante cerca de veinte años por el rechazo de los empresarios teatrales. Su humor atrevido, absurdo y rompedor no encajaba con la mentalidad dominante de la posguerra, lo que condenó el texto a un prolongado limbo antes de que, ya casi al final de la vida del autor, pudiera por fin subir a escena.

A través de escenas que combinan la biografía, la ficción y la autoficción, la obra muestra cómo ese retraso en el estreno modificó no solo la carrera de Mihura, sino también la percepción de su teatro. La función subraya la capacidad del dramaturgo para adelantarse a su tiempo, así como la lentitud con la que el entorno cultural aceptó su apuesta por el humor, más cercana al absurdo y al juego verbal que a la comedia costumbrista al uso.

Además, el espectáculo se detiene en la relación de Mihura con el propio oficio del comediógrafo: las horas de escritura en soledad, la negociación constante con productores y actores, y esa sensación tan teatral de vivir siempre entre bambalinas, a medio camino entre el éxito soñado y el fracaso temido, convirtiendo cada revés en una posible escena.

El texto de Adrián Perea: un homenaje generacional

El libreto de «Mihura, el último comediógrafo» lleva la firma de Adrián Perea, un dramaturgo joven que, con apenas 28 años, ha logrado construir una de las aproximaciones más cuidadas a la figura de Mihura. La crítica ha subrayado la madurez y calidad de la dramaturgia, destacando la capacidad del autor para asimilar la esencia del humor mihuriano sin caer en la imitación plana.

Perea articula un texto ambicioso en el que vida y teatro se cruzan continuamente. Los personajes pasan de ser figuras de la biografía a convertirse en intérpretes que ensayan, el tiempo escénico salta de una época a otra y la propia obra reflexiona sobre cómo se levanta un espectáculo. Todo ello está resuelto con una estructura muy medida y sorprendentemente clara, de forma que, pese a los continuos cambios de punto de vista, el espectador no pierde el hilo.

Uno de los aspectos más celebrados del texto es su uso del juego metateatral. La pieza no solo cuenta quién fue Mihura, sino que se pregunta qué significa hoy hacer comedia, cómo se construye la risa sobre el miedo y la desgracia, y qué lugar ocupan los comediógrafos en la memoria colectiva. Esa reflexión se plantea sin solemnidad, a golpe de diálogos ágiles, situaciones disparatadas y guiños cómplices al público.

Las reseñas especializadas han señalado que Perea consigue “arrebatarle el lenguaje, la frescura y el dinamismo” al propio Mihura, trasladando a la escena un ritmo juguetón y un sentido del absurdo que funcionan tanto para espectadores conocedores de su obra como para quienes se acercan por primera vez al autor de Tres sombreros de copa.

El resultado es un texto que funciona como homenaje pero también como puesta al día del legado mihuriano, acercándolo a nuevas generaciones de espectadores que quizá no han leído sus comedias, pero que reconocen en su mirada irónica ciertas tensiones del presente: la precariedad del oficio teatral, las dudas creativas y la necesidad de seguir riendo incluso cuando soplan tiempos difíciles.

La dirección de Beatriz Jaén y un elenco coral

La puesta en escena de «Mihura, el último comediógrafo» corre a cargo de Beatriz Jaén, que firma una dirección centrada en el ritmo y el trabajo de actores. Con una escenografía aparentemente sencilla pero llena de recursos, la directora construye espacios vivos y cambiantes por los que el elenco se mueve con naturalidad, enlazando escenas sin que el engranaje pierda fluidez.

La propuesta escénica apuesta por un estilo libre, con continuos desplazamientos entre ficción y realidad teatral. Los intérpretes pueden estar, en un momento, encarnando a Mihura o a alguien de su entorno, y al siguiente mostrarse como actores en pleno ensayo, comentando lo que el público acaba de ver. Esa mezcla de planos, que podría resultar confusa, se resuelve con una dirección precisa pero flexible, que mantiene la ligereza incluso en los pasajes más complejos.

El reparto está formado por David Castillo, Paloma Córdoba, Esperanza Elipe, Esther Isla, Rulo Pardo, Kevin de la Rosa y Álvaro Siankope, un conjunto de intérpretes que sostienen el espectáculo desde el juego coral. Cada uno asume varios personajes a lo largo de la función, alternando registros cómicos y momentos de mayor intimidad, lo que contribuye a ese aire de comedia que, sin perder profundidad, no se toma demasiado en serio a sí misma.

El montaje explota el potencial físico de la comedia, con caídas, situaciones disparatadas y un ritmo de gags que mantiene al público en constante atención. A la vez, deja espacio para que aflore la parte más amarga de la biografía de Mihura, esa sensación de haber llegado tarde al reconocimiento, de ver cómo el éxito se asoma cuando la energía ya no es la misma.

Precisamente esa combinación de carcajada y melancolía es una de las señas de identidad de la producción. La obra recuerda que detrás de cada chiste suele haber una experiencia dolorosa, y que los grandes humoristas, como Mihura, a menudo son quienes mejor conocen la tristeza que intentan espantar desde el escenario.

Teatro Juan Bravo: la vida entre bastidores y el precio de la risa

El Teatro Juan Bravo, dependiente de la Diputación de Segovia, ha sido uno de los escenarios clave para esta producción. En su programación dedicó una jornada específica a Miguel Mihura, con la presencia de «Mihura, el último comediógrafo» como cita central, programada en horario de tarde para el público segoviano.

En este espacio, el montaje se presentó como una forma de mostrar cómo es posible reír incluso cuando la vida se tuerce. La función subraya que la felicidad del propio Mihura estaba íntimamente ligada al teatro, y que su manera de sobreponerse a los reveses fue convertirlos en materia cómica, como si cada tropiezo fuese una nueva escena a escribir.

La obra, además, se utiliza como excusa para adentrarse en los entresijos del oficio del comediante. Se habla de miedos, de inseguridades, de funciones que no llenan la sala y de la presión por seguir sorprendiendo al público. Todo ello se articula como un homenaje a la profesión teatral, a quienes trabajan para que la risa llegue a los espectadores incluso en épocas complicadas.

En el Juan Bravo, la producción se presentó con el mismo elenco habitual y bajo la batuta de Beatriz Jaén, con un horario de inicio en torno a las 20:30 horas. Las entradas se pusieron a la venta tanto a través de plataformas de venta anticipada como en taquilla física, con precios que oscilaban entre 19 y 25 euros, intentando equilibrar el acceso del público general con la sostenibilidad del propio proyecto escénico.

La respuesta del público segoviano se articuló en torno a ese interés por conocer mejor a Mihura y, al mismo tiempo, por descubrir cómo un grupo de profesionales del teatro puede transformar la biografía de un autor en un juego escénico dinámico, plagado de humor pero también de momentos de reconocimiento íntimo.

El Teatro Bergidum y el Día Mundial del Teatro

Otro de los hitos de la gira de «Mihura, el último comediógrafo» ha sido su paso por el Teatro Bergidum de Ponferrada. Allí, la función se programó para un viernes 27 de marzo, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Teatro, lo que reforzó el carácter simbólico del homenaje a uno de los grandes nombres de la escena española.

En Ponferrada, la representación mantuvo su horario vespertino, en torno a las 20:30 horas, y se presentó de nuevo bajo el sello de Entrecajas Producciones, compañía responsable del montaje. La elección de esta fecha permitió enmarcar la obra dentro de una jornada de reivindicación de las artes escénicas, subrayando el papel de Mihura en la renovación de la comedia en España.

El Bergidum se convirtió así en un punto de encuentro para espectadores interesados tanto en la figura del dramaturgo como en el propio funcionamiento del teatro. La obra sirve, en este sentido, como recordatorio de que la historia de un autor es también la historia de los escenarios que lo acogen, de las ciudades que abren sus teatros para revisitar a quienes transformaron la forma de hacer reír.

Durante su estancia en Ponferrada, el montaje volvió a insistir en la odisea vital que supuso sacar adelante Tres sombreros de copa: los años de espera, el rechazo de productores que no veían claro aquel humor distinto, y la sorpresa de un éxito que aparece cuando nadie lo espera. Todo ello encajaba especialmente bien con el contexto del Día Mundial del Teatro, en el que se reflexiona sobre la fragilidad y la fortaleza de la escena.

El público berciano encontró en la obra una manera cercana de aproximarse a Mihura, alejándolo de la imagen de autor intocable y mostrándolo como un profesional que conoció el miedo al fracaso, la incertidumbre económica y la necesidad de perseverar. Esa dimensión humana es uno de los pilares del montaje, que insiste en que detrás de cada gran comediógrafo hay una vida llena de dudas y de trabajo constante.

Aranda de Duero y la biografía sentimental de un comediógrafo

La gira de «Mihura, el último comediógrafo» también ha recalado en Aranda de Duero, dentro de la programación escénica municipal dirigida al público adulto. En este caso, la función estaba inicialmente prevista para un viernes 8 de mayo en el Centro Cultural Caja de Burgos, aunque finalmente se pospuso seis días, fijándose una nueva fecha para el jueves 14 de mayo a las 20:30 horas.

El cambio de día vino acompañado de la posibilidad de solicitar la devolución del importe de las entradas a través de la plataforma de venta telemática, aunque quienes decidieron mantenerlas no tuvieron que realizar ningún trámite adicional, ya que seguían siendo válidas para la nueva fecha. Esta flexibilidad en la gestión de entradas permitió que buena parte del público interesado pudiera reorganizar su agenda sin mayores complicaciones.

En Aranda, la obra se presentó enfatizando su carácter de biografía sentimental de Miguel Mihura, un recorrido en el que vida, ficción y autoficción se entremezclan continuamente. El montaje repasa de nuevo los momentos clave de su trayectoria, con especial atención a la gestación y el tardío triunfo de Tres sombreros de copa, convertida en símbolo de la paciencia y la tenacidad necesarias para sostener una carrera teatral.

La programación municipal reservó esta pieza como cierre de su temporada para público adulto, apostando por un título que, además de ofrecer un rato de risas, invita a reflexionar sobre la relación entre éxito, fracaso y tiempo en el mundo de la cultura. La figura de Mihura se utiliza, una vez más, como espejo en el que se reflejan muchas inquietudes actuales de quienes se dedican a las artes escénicas.

Con ello, Aranda de Duero se suma a la lista de ciudades que han querido aportar su granito de arena a este reconocimiento colectivo, acogiendo un espectáculo que funciona tanto como retrato de un autor concreto como como reflexión sobre la condición del comediógrafo en cualquier época.

Este amplio recorrido por escenarios de Segovia, Ponferrada y Aranda de Duero evidencia cómo «Mihura, el último comediógrafo» ha logrado consolidarse como una de esas producciones que conectan con públicos diversos, combinando rigor biográfico, juego teatral y humor. La obra pone en primer plano a Miguel Mihura no solo como autor de una comedia mítica, sino como un trabajador incansable del teatro cuya vida, plagada de tropiezos, terminó dejando una huella decisiva en la escena española, y recuerda, de paso, que el arte de hacer reír suele nacer precisamente donde más falta hace.

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