
La MET Gala vuelve a poner el listón por las nubes con un código de vestimenta que este año se resume en una frase rotunda: Fashion is Art, “La moda es arte”. Más que un simple lema, se trata de una declaración de intenciones que convierte a cada invitado en una especie de escultura en movimiento sobre la alfombra roja del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
En esta edición, el vínculo entre moda y arte se lleva al extremo: el cuerpo vestido se concibe como lienzo, objeto artístico y vehículo narrativo. La gala inaugura la exposición de primavera del Costume Institute, titulada Costume Art, un recorrido que une prendas históricas y contemporáneas con obras de arte de distintas épocas para demostrar que el vestuario puede ocupar sin complejos el mismo terreno que la pintura o la escultura.
Costume Art: el cuerpo como obra de arte

La exposición Costume Art sirve de base conceptual al código de vestimenta de la gala. El proyecto, comisariado por Andrew Bolton para el Costume Institute, gira en torno a la idea de la “centralidad del cuerpo vestido”: cómo la moda ha representado, transformado e incluso cuestionado la figura humana a lo largo de miles de años.
Para conseguirlo, el Metropolitan reúne cientos de piezas textiles del archivo del Instituto del Traje junto a pinturas, esculturas y otros objetos artísticos que abarcan varios milenios. El resultado es un diálogo continuo entre vestidos, cuerpos, imágenes y referencias estilísticas, donde un traje puede conversar visualmente con una escultura clásica o con una obra contemporánea.
La muestra se organiza en bloques temáticos centrados en diferentes maneras de ver el cuerpo: figuras clásicas, desnudos, cuerpos envejecidos, embarazados, corpulentos o con diversidad funcional. Se busca así visibilizar anatomías tradicionalmente infrarrepresentadas en la historia del arte y reclamar su lugar dentro del relato estético y en relación con distintos tipos de vestuarios.
En esa línea, el Met incorpora nuevos maniquíes con tipos de cuerpo poco habituales en las salas de los museos. Nueve personas reales, entre ellas la activista por la diversidad funcional Sinéad Burke o la cantante Yseult, han prestado su silueta para que se escanearan digitalmente. Esos maniquíes, con superficies de acero pulido en la cabeza, funcionan también como espejos: el visitante se ve reflejado sobre ellos y se reconoce, de algún modo, en las prendas expuestas.
Fashion is Art: qué significa el código de vestimenta de la MET Gala

El dress code de este año no deja margen para las medias tintas. Fashion is Art invita a los invitados a presentarse como “obras de arte humanas”, con la creatividad por bandera y muy poco interés por la discreción. La idea es que el look no sea un simple conjunto para la alfombra roja, sino una pieza con intención artística clara.
En la práctica, esto se traduce en diseños conceptuales, volúmenes escultóricos, referencias directas a movimientos artísticos y un uso del vestuario casi performativo. Se esperan siluetas que desafíen la forma tradicional del cuerpo, vestidos que recuerden a instalaciones contemporáneas y guiños a estilos que van desde el clasicismo hasta el arte pop, pasando por el surrealismo, la abstracción geométrica o el collage.
El objetivo del código de vestimenta es romper con la idea de la alfombra roja como simple escaparate de glamour y convertirla en una extensión viva de la exposición. Cada aparición se plantea como una pieza más de la muestra, una especie de capítulo en movimiento dentro del mismo relato curatorial.
Frente al dress code de años anteriores, como Tailored For You, centrado en la sastrería y la confección a medida (ver cómo abrocharte el traje), la consigna de este año busca mayor libertad formal y conceptual. No se trata solo de lucir un look impecable, sino de plantear una propuesta que pueda leerse, interpretarse y debatirse como se debatiría una obra en una galería.
Un cuarteto de anfitrionas y un comité con peso cultural
La organización mantiene su fórmula de combinar moda, cultura pop y deporte al frente del evento. Beyoncé, Nicole Kidman y Venus Williams, junto a Anna Wintour, ejercen como coanfitrionas de esta edición. Se trata de figuras con trayectorias muy distintas, que representan ámbitos complementarios: música, cine, deporte de élite y dirección editorial.
Para la cantante, esta invitación tiene un matiz especial: es su regreso a la alfombra roja de la MET Gala tras una década sin aparecer, desde aquella recordada edición de Manus x Machina en 2016. Kidman y Williams, por su parte, consolidan su presencia en el evento tras haber acudido en años recientes.
Junto a ellas, el Met y el Costume Institute han configurado un comité organizador encabezado por Zoë Kravitz y Anthony Vaccarello. A su alrededor se agrupan perfiles que conectan con públicos muy variados: Sabrina Carpenter, Doja Cat, Paloma Elsesser, Gwendoline Christie, Elizabeth Debicki, Misty Copeland, Yseult, Teyana Taylor, Lauren Wasser, Lena Dunham, LISA, Chloe Malle, Sam Smith, A’ja Wilson, Alex Consani, Angela Bassett, Adut Akech, Sinéad Burke, Rebecca Hall, Aimee Mullins, Tschabalala Self, Amy Sherald o Chase Sui Wonders, entre otros.
La presencia de estas figuras refuerza el carácter transversal del dress code: no se trata solo de estrellas de la moda, sino de voces influyentes en música, cine, series, arte contemporáneo, danza o activismo. Cada una aporta una lectura particular de lo que significa encarnar la consigna “La moda es arte”.
La alfombra roja como instalación artística en directo
Desde hace años, la alfombra roja de la MET Gala ha dejado de ser únicamente un desfile de famosos para convertirse en un territorio de experimentación visual. En esta edición, la idea de la alfombra como instalación artística se lleva un paso más allá. Las escalinatas del museo se transforman en el escenario donde se ensaya, en directo, la traducción del tema Costume Art al lenguaje del vestido.
Los estilismos previstos apuntan a estructuras casi arquitectónicas, tejidos que se comportan como esculturas blandas y vestidos que remiten a cuadros, frescos o fotografías icónicas. Es razonable esperar guiños a la historia del arte, reinterpretados desde una sensibilidad contemporánea: diosas clásicas actualizadas, patrones inspirados en texturas pictóricas o volúmenes que recuerden a piezas de arte moderno y que influyan en las tendencias de moda.
Este enfoque refuerza una tendencia que ya venía gestándose en ediciones anteriores: la pasarela de la MET Gala funciona como una suerte de laboratorio de ideas para la moda global. Lo que se ve sobre esas escaleras suele filtrarse después a editoriales, colecciones y campañas, aunque lo haga de manera más matizada y aterrizada.
En paralelo, Costume Art inaugura las nuevas galerías Condé M. Nast del Met, un espacio de más de mil metros cuadrados anexo al Gran Vestíbulo. Esto permite que, durante la gala, los invitados puedan desplazarse con facilidad entre la exposición y el área de cena en el Templo de Dendur, reforzando la idea de que la experiencia no se limita al photocall inicial.
Experiencia de la gala y seguimiento desde España y Europa
Como cada primer lunes de mayo, la MET Gala concentra la atención de medios y redes sociales en todo el mundo. Aunque el evento tiene lugar en Nueva York, el seguimiento en España y en el resto de Europa se articula principalmente a través de las retransmisiones en directo y de los resúmenes posteriores adaptados al huso horario europeo.
Las plataformas digitales vinculadas a cabeceras de moda de referencia, como Vogue España y otras ediciones europeas, ofrecen emisiones en streaming, conexiones en vivo desde la alfombra y análisis casi en tiempo real de los looks. Presentadoras y corresponsales especializadas —entre ellas perfiles como Ashley Graham, La La Anthony, Cara Delevingne o Emma Chamberlain en ediciones recientes— se encargan de conducir la retransmisión, entrevistar a los invitados y contextualizar sus elecciones de vestuario respecto al dress code.
Esto permite que el público español pueda seguir la gala en horario nocturno, revisitarla al día siguiente y consumir versiones resumidas y comentadas. Los vídeos on demand, las galerías de fotos y los hilos en redes sociales se han convertido en la vía principal para decodificar qué propuestas han respetado de forma más fiel el espíritu de “Fashion is Art” y cuáles han optado por interpretaciones más libres.
Para la audiencia europea, especialmente la interesada en moda, diseño y arte, la noche de la MET Gala se vive casi como un “partido grande” de estilo. Los looks más comentados suelen influir en editoriales, estilismos de alfombra roja en festivales europeos y tendencias que se dejan ver en semanas de la moda de París, Milán, Londres o incluso en alfombras rojas de premios de cine como los Goya o los César.
La MET Gala como escaparate de poder e influencia
Más allá del espectáculo visual, la MET Gala sigue siendo una de las principales herramientas de recaudación de fondos para el Costume Institute, el único departamento del Met que se autofinancia. Las cifras de los últimos años hablan de decenas de millones de dólares recaudados en una sola noche, algo que subraya la dimensión económica y simbólica del evento.
El acceso a la gala continúa siendo extremadamente exclusivo: no es suficiente con tener capacidad económica, es necesario estar en la lista de invitados, que decide la organización y que suele incluir a un reducido grupo de alrededor de 400 personas. Las entradas individuales se sitúan en el rango de los grandes donativos culturales, y las mesas, patrocinadas a menudo por firmas o mecenas, suponen un desembolso muy elevado.
En paralelo, el patrocinio privado también genera debate. La participación de grandes fortunas como principales mecenas de la exposición y de la gala ha alimentado críticas desde colectivos activistas que cuestionan la creciente influencia de los grandes patrimonios en las instituciones culturales. Estas voces reclaman más transparencia y plantean hasta qué punto la financiación condiciona la narrativa de los museos.
Aun con este trasfondo crítico, el evento mantiene su posición privilegiada en el calendario cultural. Para el Met, la gala es una pieza central en su estrategia de visibilidad y de financiación para seguir investigando, conservando y exhibiendo moda como patrimonio artístico. Y el debate sobre si la moda debe considerarse arte, que hace años podía parecer teórico, aquí se traduce en salas, piezas y presupuestos muy tangibles.
Con el tema Costume Art y el código de vestimenta Fashion is Art, la MET Gala reafirma su papel como cruce entre museo, industria y espectáculo: la alfombra roja se convierte en una extensión de las galerías, los vestidos ocupan el lugar de las obras y los invitados actúan como portadores de un relato que reivindica la moda como disciplina artística de pleno derecho. El resultado, una vez más, es una noche en la que la forma de vestirse se analiza con la misma atención que una exposición, y donde cada look funciona como una declaración estética que trasciende el mero lujo o la tendencia pasajera.