La última edición de los Premios Gaudí ha confirmado el excelente momento que vive el cine catalán, tanto en términos de diversidad creativa como de proyección internacional. El Gran Teatre del Liceu de Barcelona se convirtió en el epicentro de una noche en la que el drama histórico, el cine social y las apuestas formales más arriesgadas se repartieron el protagonismo sin que faltaran sorpresas.
En un palmarés muy repartido, “Sirat”, “Frontera”, “Sorda” y “La furia” se erigieron como los títulos más comentados, mientras las categorías interpretativas y los discursos desde el escenario apuntaban a un sector cada vez más consciente, politizado y abierto a nuevas miradas. La ceremonia, que celebraba la mayoría de edad de estos premios, dejó momentos para el glamour, la reivindicación y también para alguna que otra decepción entre las grandes favoritas.
Una gala de mayoría de edad en el Liceu
La Acadèmia del Cinema Català celebró su mayoría de edad con una ceremonia que quiso mirar atrás sin dejar de proyectarse hacia el futuro. El Gran Teatre del Liceu acogió a más de 1.800 invitados en una noche concebida como una auténtica fiesta del cine, con alfombra roja, actuaciones musicales en directo y una realización pensada para acercar los Gaudí al gran público.
En esta edición se apostó por un formato coral con cinco presentadoras, todas ellas premiadas anteriormente con un Gaudí: Nora Navas, Maria Molins, Laura Weissmahr, Maria Arnal y Carla Quílez. Cada una, vestida con un color diferente, guiaba al espectador por un simbólico “viaje cromático” que mezclaba clasicismo, memoria, compromiso, tecnología y esperanza, una declaración de intenciones sobre el tipo de cine que se quiere impulsar desde la Academia.
La gala arrancó con un número musical en el que participaron Magalí Sare y Salvador Sobral, arropados por un coro multitudinario, y en el que también se rindió homenaje a la tradición musical catalana con la presencia de obras como El cant dels ocells. La música urbana y experimental tampoco quedó fuera: el tema “Berghain” de Rosalía sonó como pistoletazo de salida a uno de los discursos de bienvenida, subrayando el tono híbrido y contemporáneo de la ceremonia.

“Sirat”: arrase técnico y pasaporte hacia los Oscar
La gran protagonista de la noche fue “Sirat”, dirigida por Oliver Laxe, que se llevó ocho estatuillas y se confirmó como el proyecto con mayor proyección internacional del año. La cinta, que se abre con una rave en un paisaje africano donde un padre intenta localizar a su hija, conquistó a los académicos en la categoría de mejor película en lengua no catalana y se hizo fuerte en prácticamente todos los apartados técnicos.
La producción ganó en dirección de producción (Oriol Maymó), dirección artística (Laia Ateca), música original (Kangding Ray), fotografía (Mauro Herce), sonido (Amanda Villavieja, Laia Casanovas, Yasmina Praderas), efectos visuales (Pep Claret, Lluís Rivera, Benjamin Ageorges) y maquillaje y peluquería (Zaira Eva Adén). Ese dominio en los apartados técnicos dejó claro hasta qué punto la película apuesta por un discurso visual y sonoro muy poderoso, cercano al cine de autor pero con una evidente vocación internacional.
Paradójicamente, el gran triunfador de la noche fue también el gran ausente. Oliver Laxe no pudo acudir a la ceremonia porque se encontraba en plena campaña de promoción en Estados Unidos, donde el filme competirá en los Oscar en las categorías de mejor película internacional y mejor sonido. El eco de esa carrera hacia Hollywood sobrevoló constantemente el Liceu, simbolizando cómo una coproducción de raíz catalana puede abrirse paso en el circuito global.
En el terreno interpretativo, “Sirat” se quedó sin premio pese a las nominaciones, pero su impacto en el palmarés fue suficiente para situarla como la obra más premiada de la edición. En muchas crónicas se subrayó, además, su manera de combinar el desierto, la noche y la música electrónica para hablar de relaciones paternofiliales y desarraigo, un enfoque poco habitual en el panorama estatal.
“Frontera”: mejor película en catalán y favorita del público
El otro gran nombre de la noche fue “Frontera”, dirigida por Judith Colell, que se adjudicó el premio a mejor película en lengua catalana y se llevó, además, el Gaudí del público. Colell, que compagina su faceta creativa con el cargo de presidenta de la Acadèmia del Cinema Català, firmó un histórico doblete que no pasó desapercibido entre los asistentes.
“Frontera” es un thriller histórico ambientado en los Pirineos, centrado en quienes ayudaron a refugiados que huían de la represión a través de un paso montañoso. En algunas piezas se subrayaba su vínculo con los exiliados del franquismo, en otras se hacía hincapié en la huida de los judíos perseguidos por el nazismo; en cualquier caso, la película se instala en el territorio de la memoria histórica y el compromiso político, con un ojo puesto en el presente europeo.
Además de los premios a mejor película catalana y al favor del público, el filme obtuvo el Gaudí a mejor actriz secundaria para Bruna Cusí y el de mejor vestuario para Mercè Paloma. Este reconocimiento al trabajo de construcción de personajes y época subrayó la capacidad de la película para recrear un contexto histórico complejo desde una perspectiva íntima, apoyándose en un reparto coral y en un diseño de producción minucioso.
Para Judith Colell, el éxito de “Frontera” tuvo un punto especialmente emotivo. La directora había llegado a la gala reconociendo que se sentía más nerviosa de lo habitual, consciente de que su película era una de las favoritas y de que la Academia alcanzaba una simbólica mayoría de edad. Al final de la noche se marchó con cuatro premios y con la sensación de haber rubricado una de las obras clave del año en el cine catalán.
“Sorda” y “La furia”: nuevas voces y reconocimiento a la interpretación
Si “Sirat” y “Frontera” dominaron en número de galardones, “Sorda” y “La furia” se consolidaron como títulos fundamentales para entender el relevo generacional en la industria catalana. La primera, dirigida por Eva Libertad, aborda las complejidades del embarazo y la crianza de una mujer sorda en Murcia, entremezclando drama íntimo y reflexión social.
La película de Libertad se alzó con el Gaudí a la mejor dirección, el de mejor guion adaptado y el de mejor actor secundario para Álvaro Cervantes. El triplete situó a la directora como una de las grandes triunfadoras individuales de la noche y reforzó la presencia de historias sobre diversidad funcional y maternidades no hegemónicas en el mapa del cine europeo.
Por su parte, “La furia”, ópera prima de Gemma Blasco, obtuvo el Gaudí a la mejor dirección novel y el de mejor protagonista femenina para Ángela Cervantes, que interpreta a una actriz que denuncia una agresión sexual sufrida durante una fiesta. La propia Blasco dedicó su premio a las víctimas de violencia sexual, insistiendo en que en este tipo de casos “la vergüenza está cambiando de bando” y reclamando más espacio para estas historias en la pantalla.
El trabajo de Ángela Cervantes fue uno de los más aplaudidos de la velada, tanto por la intensidad del personaje como por la forma en que la actriz mezcló vulnerabilidad y rabia en su discurso. Con este reconocimiento, la intérprete sumó un nuevo Gaudí a su palmarés y se reafirmó como uno de los rostros más sólidos del cine en España, compartiendo protagonismo con su hermano Álvaro, que también subió al escenario por “Sorda”.
“Romería”, entre la expectación y el sabor agridulce
La gran favorita en la previa, “Romería” de Carla Simón, llegó a la gala con 13 nominaciones y un recorrido previo en festivales que incluía su estreno en Cannes y una muy buena respuesta de taquilla, con cerca de 300.000 espectadores y más de 1,7 millones de euros recaudados. Sin embargo, la noche no acabó de acompañar a la directora, que vio cómo su película se quedaba con un único reconocimiento.
El filme se llevó finalmente el Gaudí a mejor interpretación revelación para Llúcia Garcia, que agradeció a Simón la oportunidad de formar parte de lo que definió como “una película tan importante”. El resto de candidaturas —incluyendo apartados de guion, fotografía, montaje, efectos visuales o música— se le escaparon frente al empuje de títulos como “Sirat” y “Frontera”.
Lejos de mostrarse decepcionada, Carla Simón explicó en la alfombra roja que vivía el proceso con calma y cierta distancia, comentando que se encontraba ya pensando en su próximo proyecto, centrado en el flamenco, y que estaba en plena fase de documentación y escritura. Con esa actitud, la cineasta asumió que para ella la temporada de premios es casi una etapa de despedida de sus películas.
Aun con un palmarés escueto, “Romería” quedó instalada en el imaginario de la edición como una de las grandes obras del año, respaldada por la crítica y el público y reforzando la posición de Simón como una de las autoras catalanas más influyentes en el contexto europeo.
Interpretaciones, documental y animación: un palmarés muy repartido
Las categorías interpretativas dibujaron una fotografía variada del talento actual. Mario Casas obtuvo el Gaudí a mejor protagonista masculino por “Molt lluny”, consolidando su relación con el cine catalán tras llevarse su segundo galardón de la Academia. En el apartado femenino, como ya se ha mencionado, Ángela Cervantes fue distinguida por “La furia”.
Entre los secundarios, Bruna Cusí se llevó el premio a mejor actriz por “Frontera”, mientras que Álvaro Cervantes se impuso como mejor actor de reparto por su trabajo en “Sorda”. El galardón a mejor interpretación revelación fue para Llúcia Garcia por “Romería”, en un cuadro de nominaciones donde también figuraban jóvenes intérpretes de títulos como “Estrany riu” y “Los Tortuga”.
En el terreno del documental, la estatuilla a mejor película fue para “Tardes de soledad”, de Albert Serra, una inmersión en el mundo de los toreros que se llevó también el premio a mejor montaje. El largometraje se convirtió así en el documental más reconocido de la historia reciente de los Gaudí, después de haber batido récords de nominaciones en esta categoría.
La animación tuvo como gran vencedora a “L’Olívia i el terratrèmol invisible” (u “Olivia y el terremoto invisible”, según algunas fuentes), de Irene Iborra Rizo, que se impuso a otros títulos europeos y estatales con una propuesta que combina aventura y reflexión emocional. El Gaudí a mejor cortometraje fue a parar a “De sucre”, de Clàudia Cedó, consolidando la buena salud del formato corto en la producción catalana.
Apertura europea, guiones y discursos reivindicativos
Más allá de las categorías puramente catalanas, la Academia volvió a fijarse en el contexto continental con el premio a mejor película europea, que recayó en “Flow, un mundo que salvar”, del cineasta letón Gints Zilbalodis. La presencia en la terna de filmes procedentes de Reino Unido y Alemania subrayó el deseo de los Gaudí de alinearse con lo mejor del cine independiente europeo, sin perder de vista propuestas de género y autoría.
En el área de guion, el Gaudí a mejor guion original fue para Cesc Gay y Eduard Solà por “Mi amiga Eva”. El discurso de Solà volvió a ser uno de los momentos más comentados de la noche, con un alegato directo a favor de la utopía y contra los autoritarismos, en el que pidió imaginar “un mundo sin genocidios, sin armas y sin fascistas gobernando”. Sus palabras conectaron con otros mensajes políticos que se escucharon sobre el escenario.
Las reivindicaciones no se limitaron al terreno ideológico. Ángela Cervantes aprovechó su intervención para agradecer a las personas migrantes que viven y trabajan en Cataluña su esfuerzo y sacrificio, deseando que algún día puedan estar sentadas en la platea contando sus propias historias. De este modo, la gala se convirtió también en un altavoz para debates sociales sobre representación, diversidad y acceso a la industria cultural.
El premio honorífico recayó en Sílvia Munt, actriz, directora y guionista con una extensa trayectoria en cine y teatro, que fue distinguida con el Gaudí de Honor-Miquel Porter. La ovación que recibió al recoger el galardón fue una de las más largas de la velada, en reconocimiento a una carrera que suma dos Goya y más de medio centenar de producciones a sus espaldas.
Con un palmarés equilibrado y una gala marcada por la pluralidad de voces, los Premios Gaudí volvieron a funcionar como termómetro del cine catalán contemporáneo: un ecosistema donde conviven el cine de autor más arriesgado, los relatos de memoria histórica, las historias íntimas sobre identidad y violencia de género y una creciente vocación europea. Entre el empuje internacional de “Sirat”, el arraigo histórico de “Frontera”, la sensibilidad de “Sorda” y el impacto de “La furia”, la edición dejó claro que la industria catalana afronta su mayoría de edad con ambición, conciencia social y una notable capacidad de conectar con públicos muy distintos dentro y fuera de España.