El casco histórico de Oviedo se ha llenado de madera, ruido de pasos y tradición con la celebración de la primera madreñada, una cita popular que busca devolver visibilidad al clásico calzado de madera asturiano. Durante unas horas, lo que normalmente es un simple paseo dominical se transformó en un recorrido reivindicativo en el que las madreñas fueron las auténticas protagonistas.
Lejos de ser solo una actividad folclórica, el encuentro nace con la intención de reivindicar el valor cultural y la identidad ligada a las madreñas, un calzado que fue habitual en Oviedo y en muchas otras ciudades de España hasta bien entrado el siglo XX y que hoy se encuentra en serio peligro de desaparición. Vecinos, curiosos y amantes de la cultura asturiana compartieron caminata y conversación para recordar que este tipo de artesanía sigue teniendo mucho que decir.
Una marcha por el corazón de Oviedo
La madreñada ovetense echó a andar desde la plaza del Fontán, uno de los rincones más emblemáticos del casco viejo de la ciudad. Desde allí, los participantes emprendieron un recorrido por varias calles del centro histórico hasta llegar a la plaza de la Catedral, donde el sonido de las suelas de madera sobre el pavimento atrajo miradas y preguntas de quienes no conocían de cerca este calzado tradicional.
Quienes se animaron a participar quisieron dejar claro que la madreña no es solo un recuerdo del pasado. Para muchos, sigue siendo un elemento completamente vivo, práctico y cargado de memoria. La idea, explican los organizadores, es mostrar a quienes nunca han visto unas madreñas en directo que forman parte de la historia cotidiana de Asturias y que no son una simple pieza de museo.
El trazado urbano permitió que personas de todas las edades pudieran unirse sin dificultad, desde veteranos que crecieron entre barro y tablones de madera hasta jóvenes que se calzaban unas madreñas por primera vez. De fondo, la sensación compartida de estar recuperando un gesto muy sencillo: caminar por la ciudad con el mismo calzado que usaron durante generaciones campesinos, mineros y vecinos de los pueblos.
De León a Oviedo: una tradición que se extiende
La idea de organizar una madreñada en Oviedo no surge de la nada. Varios asturianos habían participado ya en la popular madreñada de León, que lleva años celebrándose y que ha conseguido reunir a centenares de personas en cada edición. Ese éxito fue el empujón definitivo para intentar algo parecido en la capital del Principado.
Detrás de la iniciativa está un pequeño grupo de amigos unidos por su pasión por la cultura asturiana: Luis Collado, Iván Testón, Lluques Díaz y Denis Soria, este último guía turístico y responsable del proyecto “Ser Asturianu”. Acostumbrados a ver cómo otros territorios sacan pecho de sus tradiciones, decidieron trasladar el formato festivo de la madreñada leonesa a las calles de Oviedo.
Su propósito es claro: crear un día de la madreña que sea popular, abierto y sin corsés institucionales. Buscan una jornada en la que la gente disfrute, se ría, se encuentre con amigos y, al mismo tiempo, tome conciencia de la importancia de conservar este símbolo. No se trata solo de folklore, sino de mantener viva una forma de entender el paisaje, el clima y la vida cotidiana en los pueblos asturianos.
Con esta primera edición, Oviedo se suma así a una especie de “fiebre por la madreña” que, poco a poco, va ganando eco en diferentes lugares del norte peninsular. La voluntad de los organizadores es repetir cada año y consolidar la cita en el calendario festivo de la ciudad, de modo que la madreñada se convierta en un referente para vecinos y visitantes.
El recuerdo del último madreñero de Oviedo
La madreñada ovetense tiene también un fuerte componente de homenaje. Muchos de los participantes recuerdan la figura de Arsenio Lorenzo, considerado el último madreñero en activo en la ciudad. Natural de Teverga, este artesano mantuvo su taller funcionando al menos hasta la década de los cincuenta del siglo pasado, cuando todavía existía un buen mercado para este tipo de calzado.
Los hijos de Arsenio continuaron durante un tiempo con el oficio, pero el contexto empezó a cambiar. La llegada masiva de zapatos industriales, materiales sintéticos y nuevos hábitos de vida hizo que las madreñas fueran cediendo terreno hasta quedar prácticamente arrinconadas. Allí donde antes era habitual ver a la gente ir a trabajar o a la compra calzada con madera, hoy son muy pocos los que las usan a diario.
Quienes conocen bien la historia de este artesano señalan que su trayectoria simboliza la de muchos otros madreñeros repartidos por Asturias y otras zonas de España. Del bullicio de los talleres se ha pasado al silencio de unos pocos bancos de trabajo, donde todavía resuenan las gubias y los cepillos de quienes se resisten a que la tradición desaparezca definitivamente.
Al recordar a Arsenio durante la marcha, los organizadores quisieron subrayar que las madreñas no son una simple curiosidad etnográfica. Forman parte de una memoria colectiva ligada al trabajo rural, al clima húmedo y a la vida en los pueblos, y su desaparición implicaría perder también una manera de entender el territorio asturiano.
Un calzado en peligro de extinción
Durante los primeros años del siglo XX, las madreñas fueron un elemento habitual en Oviedo y en otras ciudades españolas, especialmente en entornos donde la lluvia, el barro y el frío convertían el suelo en un terreno incómodo. Levantar el pie unos centímetros del suelo gracias a los tacos de madera, como ocurre con los zuecos de hombre o las madreñas, protegía de la humedad, prolongaba la vida de las alpargatas y facilitaba el día a día.
Sin embargo, con el avance del siglo y la expansión del calzado moderno, este objeto cotidiano empezó a verse como algo pasado de moda. Hoy, según explican los impulsores de la madreñada, en Asturias apenas quedan dos o tres artesanos dedicados a fabricar madreñas de forma profesional. Esa cifra da una idea muy clara de la fragilidad en la que se encuentra esta tradición.
Los organizadores insisten en que no se trata de idealizar el pasado, sino de defender un oficio y un conocimiento que pueden seguir teniendo futuro si se les da visibilidad. La madreñada, en ese sentido, actúa como escaparate: permite que la gente vea de cerca las piezas, pregunte cómo se hacen, cuánto tardan en elaborarse o qué tipo de madera se utiliza.
Muchos participantes reconocen que, sin este tipo de actividades, su contacto con las madreñas se habría limitado a una vitrina de museo o a una foto en algún libro sobre Asturias rural. La marcha por el centro de la ciudad demuestra que, cuando se saca la tradición a la calle, la curiosidad y el interés crecen de forma natural.
Historias personales: de Cangas del Narcea a Riosa
Uno de los aspectos más llamativos de la madreñada fueron las historias personales que afloraron a medida que avanzaba el recorrido. Entre los asistentes se encontraba Jesús Vázquez, vecino de la zona de Riosa, que decidió llevar consigo un par de madreñas con destinatario muy concreto. Durante la caminata, contaba entre risas que esas piezas ya tienen nombre y apellido: serán para el cantante Rodrigo Cuevas, al que se las ha prometido y que, según afirma, irá a recogerlas.
Su manera de calzarse también dio tema de conversación. Mientras muchos optan por ponerse zapatillas dentro de las madreñas para ganar comodidad, Jesús explicaba que él prefiere usar dos o tres pares de calcetines hasta llenar bien el hueco. Más allá de la anécdota, tuvo claro desde el principio por qué estaba allí: porque considera que, si no se hace nada, las madreñas correrán el riesgo de desvanecerse de la vida diaria.
También se dejaron ver grupos de amigas que reivindicaban la madreña desde la experiencia. Pilar Menéndez, natural de Cangas del Narcea, recordaba cómo de niña se movía por el pueblo con este calzado sin darle la menor importancia. Para ella, las madreñas eran tan imprescindibles como cualquier otro zapato del armario, y todavía hoy las sigue usando cuando la ocasión lo requiere.
A su lado, Auristela Vázquez, de Riosa, resumía su relación con este calzado de forma muy gráfica: tan pronto se pone unos buenos tacones como unas madreñas, dependiendo del plan del día. Ese contraste entre la vida urbana actual y el calzado tradicional muestra hasta qué punto la madreña puede seguir encontrando su hueco incluso en contextos muy distintos a los de hace décadas.
Relatos como estos dan a la madreñada un aire cercano y cotidiano. No se trata solo de una marcha organizada, sino de un espacio en el que la gente comparte recuerdos, costumbres y pequeños trucos asociados a este calzado de madera, desde cómo ajustarlo mejor al pie hasta en qué situaciones resulta más práctico.
Mirando al futuro de la madreña en Asturias
Más allá de la anécdota y la nostalgia, la madreñada plantea una pregunta de fondo: qué papel puede tener la madreña en la Asturias de hoy. Los impulsores del evento confían en que esta cita se convierta en un punto de encuentro entre artesanos, divulgadores, vecinos y visitantes interesados en la cultura popular.
Entre sus objetivos está seguir organizando el encuentro año tras año en la capital, abrirlo cada vez a más gente y, con el tiempo, tejer una red de apoyo en torno a los pocos talleres que siguen en activo. La visibilidad que proporciona una marcha por el centro urbano puede traducirse en encargos, colaboraciones o iniciativas formativas que ayuden a garantizar el relevo generacional.
También se plantea la posibilidad de conectar esta cita con otros proyectos culturales y turísticos que están surgiendo en Asturias y en el resto de España, donde cada vez hay más interés por experiencias vinculadas a la artesanía de proximidad, la historia local y la sostenibilidad. En ese contexto, la madreña puede convertirse en un símbolo atractivo para quienes buscan conocer el territorio más allá de las rutas habituales.
Aunque todavía es pronto para medir el impacto real de esta primera edición, la respuesta del público apunta a que hay espacio para que la madreñada crezca y se consolide. Si logra mantener su carácter popular y cercano, y al mismo tiempo apoyar de forma tangible a los artesanos, estará contribuyendo a algo más que a una simple fiesta: estará ayudando a que una parte de la identidad asturiana siga avanzando, paso a paso, por las calles de Oviedo.
La imagen que dejó esta primera madreñada en Oviedo es la de una ciudad que se detiene un momento para escuchar el eco de sus propios pasos sobre la madera, recordar a quienes dedicaron su vida a este oficio y mirar hacia adelante con la idea de que tradición y presente pueden ir de la mano. Entre anécdotas, recuerdos y ganas de repetir, la madreña ha vuelto a ocupar su sitio en la conversación pública, demostrando que aún le queda mucho camino por recorrer.