La industria del calzado en España solicita un plan de choque ante una situación de extrema gravedad

  • Pérdida del 35% del tejido empresarial desde 2020, con la desaparición de más de 1.100 fábricas.
  • Desplome de la producción industrial del 29,1% en el último año y destrucción masiva de puestos de trabajo.
  • AEC reclama al Gobierno medidas de flexibilidad laboral, apoyo a pymes y un mayor control de las importaciones asiáticas.
  • España apenas representa el 0,3% de la fabricación mundial frente al dominio absoluto de gigantes como China e India.

Crisis industrial en el sector del calzado español

La cosa está que arde en los principales núcleos zapateros de nuestro país. La Asociación Española de Empresas de Componentes para el Calzado y la Marroquinería (AEC) ha dado un puñetazo sobre la mesa para alertar de que el sector se encuentra, literalmente, con el agua al cuello. No se trata de un bache pasajero, sino de una sangría de empresas y puestos de trabajo que amenaza con llevarse por delante una tradición industrial que es el sustento de miles de familias en regiones como la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha o La Rioja.

Desde la patronal aseguran que el sector no aguanta más envites y que, si no se pone en marcha un plan para reforzar la competitividad del calzado español coordinado entre las distintas administraciones, el daño será irreversible en apenas un par de años. La competencia feroz de los mercados asiáticos y el encarecimiento de los costes de producción están dejando a las fábricas españolas fuera de juego, obligándolas a echar la persiana en un goteo incesante que no parece tener fin si no se toman cartas en el asunto de forma inmediata.

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Un tejido empresarial que se desmorona por momentos

Fábrica de calzado en España con problemas de producción

Las cifras que maneja la industria son para echarse a temblar. Entre los años 2020 y 2025, el sector ha visto cómo desaparecían 1.149 empresas fabricantes, lo que supone un hachazo del 35% al tejido productivo nacional. En el último año del que se tienen registros completos, cerraron sus puertas casi 200 mercantiles, y la tendencia en lo que llevamos de 2026 no invita precisamente al optimismo. La situación es especialmente dramática en la Comunidad Valenciana, donde se ha volatilizado el 37% de las compañías en un tiempo récord.

Este desplome no afecta solo a las grandes firmas, sino que se ceba especialmente con las micropymes. Resulta que la gran mayoría de las empresas que quedan en pie tienen menos de diez trabajadores o incluso carecen de asalariados, lo que las deja en una posición de absoluta vulnerabilidad cuando vienen mal dadas. Sin músculo financiero para aguantar el tirón, muchas de estas pequeñas unidades productivas terminan bajando la persiana ante la imposibilidad de competir en un mercado globalizado donde los precios mandan.

La actividad en las naves industriales también ha pegado un bajón considerable. El Índice de Producción Industrial del sector registró una caída libre del 29,1% en la primavera de este año, un dato que refleja perfectamente que las máquinas están paradas más tiempo del que deberían. Esta inactividad viene provocada por un contexto internacional cada vez más enrevesado y una demanda que, entre la subida de precios y la incertidumbre económica, no termina de arrancar para dar un respiro a los fabricantes.

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El desafío de competir con los gigantes de Asia

Zapatos de exportación y competencia internacional

Si miramos el mapa mundial del calzado, España es ahora mismo un actor muy pequeño que intenta sobrevivir entre gigantes. Producimos apenas el 0,3% del calzado mundial, una cifra que palidece frente a los 13.000 millones de pares que fabrica China cada año. Mientras los productores asiáticos inundan el mercado con precios imbatibles, las empresas españolas tienen que lidiar con una estructura de costes que es el doble o el triple de lo que se paga en países como Vietnam o la India.

Incluso dentro de la propia Europa, la brecha salarial es un quebradero de cabeza. En España, el coste por hora se sitúa en los 15,38 euros, mientras que en Portugal apenas llega a los 10 euros y en los países del Este se mueve entre los 5 y 8 euros. Esta diferencia hace que mantener la producción en suelo nacional sea una misión casi imposible si no se apuesta por la especialización máxima y el diseño de alta calidad. El sector pide a gritos medidas que alivien esta presión fiscal y laboral para no perder el poco terreno que les queda.

La balanza comercial también nos está dando la espalda de manera preocupante. El año pasado, España importó más de 370 millones de pares, la gran mayoría procedentes de Asia, mientras que solo pudimos exportar 167 millones. Este desajuste ha generado un déficit comercial de 1.860 millones de euros, una cifra que evidencia que estamos comprando mucho más calzado fuera del que somos capaces de vender en el extranjero. La presión exterior es tan fuerte que la industria auxiliar, la que fabrica los cordones, las suelas o los adornos, también está empezando a notar los síntomas de agotamiento.

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Reivindicaciones para salvar una cadena de valor estratégica

Componentes de calzado fabricados en España

Ante este panorama tan negro, AEC ha puesto sobre la mesa una serie de peticiones muy concretas para intentar salvar los muebles. Lo primero que reclaman es una mayor flexibilidad en la contratación, ya que el sistema actual de fijos discontinuos no termina de encajar con un sector que depende totalmente de las temporadas y de si el consumidor tiene ganas de renovar el armario. Necesitan herramientas que les permitan adaptar la plantilla a la carga de trabajo real sin que ello suponga la quiebra de la empresa.

También es fundamental que se refuercen los controles en las aduanas. No es ningún secreto que entra mucho producto de fuera que no cumple con las normativas de seguridad y sostenibilidad que sí se exigen a los fabricantes europeos. Por eso, piden aranceles más duros y una vigilancia estrecha para que todo el mundo juegue con las mismas reglas. No se puede pedir a una fábrica de Elche que sea ultra sostenible y pague sueldos europeos si tiene que competir en el mismo escaparate con zapatos que vienen de países donde los derechos laborales brillan por su ausencia.

La digitalización y la formación de los trabajadores son otros pilares en los que hay que invertir de manera decidida. El relevo generacional es un problema muy real; ya no es tan fácil encontrar a jóvenes que quieran aprender el oficio de zapatero, motivo por el cual es vital impulsar el nuevo polo formativo del sector. Por ello, la patronal insiste en que las administraciones deben incentivar la inversión productiva y apoyar a las ferias del sector, que son el gran escaparate donde nuestras empresas pueden lucir ese diseño y esa calidad que todavía nos diferencia del resto del mundo.

La industria del calzado español se encuentra en una encrucijada donde no caben más demoras ni medias tintas por parte de las instituciones. El sector ha demostrado con creces su capacidad de resistencia y su saber hacer, pero la actual combinación de costes desorbitados y competencia desleal está minando las bases de una cadena de valor que genera miles de empleos directos e indirectos. Solo un compromiso firme y una estrategia industrial potente podrán evitar que este sector estratégico acabe convirtiéndose en un recuerdo del pasado, protegiendo así el empleo cualificado y el arraigo territorial que tan nos define.

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