La boda de Cayetano Martínez de Irujo y Bárbara Mirjan: ceremonia, invitados y fiesta en Sevilla

  • Ceremonia en la iglesia del Cristo de los Gitanos con fuerte simbolismo para la Casa de Alba y cerca de 300 asistentes.
  • La novia lució un vestido de Navascués con bordados inspirados en la Virgen de las Angustias.
  • Amina, hija del novio, ejerció de madrina; destacaron invitados como Alfonso Díez, Bertín Osborne y Susanna Griso, con la ausencia de Jacobo.
  • Celebración en la finca Las Arroyuelas con catering andaluz y música de Los Alpresa y Diego Ramos.

Boda en Sevilla de Cayetano y Bárbara

Sevilla vivió una jornada de máxima expectación con el enlace de Cayetano Martínez de Irujo y Bárbara Mirjan, un acontecimiento social que llevó a reporteros y curiosos a seguir de cerca los movimientos en la estación del AVE de Santa Justa y, sobre todo, en el entorno de la iglesia del Cristo de los Gitanos. Allí, con casi 300 invitados, la pareja se dio el «sí, quiero» en un templo estrechamente vinculado a la Casa de Alba.

En el ámbito familiar, se cumplieron los pronósticos: Amina, la hija del novio, actuó como madrina; el duque de Alba arropó a su hermano en un día clave, y Alfonso optó por asistir únicamente a la ceremonia religiosa. Hubo también ausencias notables, como la de Jacobo, que envió una carta explicando sus motivos, mientras que su hijo sí acudió al enlace.

La ceremonia en el Cristo de los Gitanos

Ceremonia en la iglesia de Los Gitanos

El oficio religioso, previsto para las 13:30, comenzó con retraso debido a bodas previas en el mismo templo. La ceremonia la presidió el párroco Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, un sacerdote muy ligado a la familia, que quiso subrayar el sentido espiritual del enlace y dedicar un recuerdo a Cayetana de Alba.

El novio llegó con su hija Amina del brazo, luciendo el uniforme de gala de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla —con el sable retirado antes de entrar—, mientras que su hijo Luis firmó como testigo junto a Eugenia y Fernando. A las puertas del templo, el abrazo de Cayetano con su hermano Carlos, actual duque de Alba, evidenció un clima de reencuentro familiar.

Poco después llegó la novia en un carruaje de caballos, la célebre Duquesita, propiedad de la Casa de Alba, acompañada por su padre, padrino del enlace. Tras el «sí, quiero», Bárbara dejó su ramo como ofrenda en la capilla donde reposan parte de las cenizas de la recordada duquesa, un gesto de hondo simbolismo.

El repertorio musical alternó piezas de Bach, Haendel y Weber con tradiciones muy sevillanas: el Himno de España, la Saeta y la Salve Rociera. Hubo velación y lecturas a cargo de familiares: Tana Rivera y los duques de Huéscar participaron en las peticiones; además, el enlace contó con una bendición papal.

Ya como matrimonio, la pareja abandonó la iglesia sin posado, en medio de una notable expectación. Cayetano, visiblemente nervioso, pidió a la prensa «un poco de respeto» antes de subirse con Bárbara al carruaje para recorrer las inmediaciones del santuario. Fue un cierre sobrio para una ceremonia cuidada al detalle.

Salida de los novios tras la ceremonia

El vestido y el look de la novia

Vestido de la novia de Navascués

El vestido, obra de Navascués, apostó por la artesanía y el simbolismo. Confeccionado en crep y godets de organza bordada en hilo de seda, incorporó mangas desmontables, cola independiente y un velo de tul de seda natural. Los bordados evocaron las flores del mantón de Manila y se inspiraron en la saya de la Virgen de las Angustias de la Hermandad de los Gitanos, un guiño directo a Sevilla y a la devoción de la Casa de Alba.

La joyería fue medida y elegante: tiara de diamantes y pendientes —un regalo del novio— completaron un estilismo que equilibró tradición y actualidad. Hubo, además, una pieza transformada en diadema, subrayando ese gusto por los detalles especiales sin estridencias.

Para el calzado, Bárbara optó por un salón clásico de 10 centímetros, firmado por Isabel Abdo, en una elección cómoda y femenina que encajó con el look. La novia lució una coleta ondulada y un maquillaje natural, con cejas definidas y labio en rosa nude, rematando un conjunto sobrio y luminoso.

Invitados y ausencias destacadas

Invitados a la boda en Sevilla

El desfile de rostros conocidos fue constante: desde Alfonso Díez —viudo de la duquesa de Alba— hasta Bertín Osborne, Susanna Griso, Emilio Butragueño, Olivia de Borbón y Julián Porras, Hubertus von Hohenlohe y Simona Gandolfi, Curro Romero y Carmen Tello, Paloma Segrelles, Begoña Villacís, Jaime Martínez-Bordiú o Luis García Fraile. Un plantel plural que subrayó la dimensión social del enlace.

En primera línea, el núcleo familiar de los Alba: el duque de Alba, Fernando y Sofía Palazuelo, Belén Corsini, Eugenia Martínez de Irujo —testigo junto a Fernando—, Tana Rivera y Narcís Rebollo. Como señal de sintonía, destacó el abrazo entre Cayetano y Carlos a las puertas del templo, imagen de armonía en una fecha señalada.

Entre las ausencias, Jacobo explicó por carta que no acudiría por compromisos profesionales y la efeméride de su editorial. En cambio, sí asistió su hijo, Jacobo Fitz-James Stuart. Por su parte, Alfonso optó por estar presente en la misa pero no en la celebración posterior en Carmona.

Hubo anécdotas y detalles cercanos: Susanna Griso reveló que, junto a amigas, regaló a los novios un libro de recuerdos y parte de los tarjetones; Carmen Lomana acudió con su pareja, y el exboxeador Manuel Berdonce, entrenador y amigo del novio, no faltó a la cita. Curro Romero, convaleciente, asistió a la ceremonia y se retiró a descansar, mientras Carmen Tello continuó la jornada.

Familia y amigos en la boda

De la iglesia a Las Arroyuelas: así fue la celebración

Celebración en Las Arroyuelas

Tras la ceremonia, los novios recorrieron en carruaje el entorno del templo y pusieron rumbo a Las Arroyuelas, la finca de Carmona donde residen y que legó Cayetana de Alba a su hijo. La víspera ya se había celebrado una preboda en el cortijo de La Motilla, marcando el tono festivo del fin de semana.

El banquete, servido por el catering de Miguel Ángel Jurado, comenzó con aperitivos de sabor andaluz —con jamón de Jabugo entre otras propuestas—, para continuar con platos de pescado y carne, postre y una barra libre prolongada con recena. Las mesas, dispuestas en los jardines junto a la piscina, acogieron a los cerca de 300 invitados.

La música llevó la batuta de Los Alpresa y del showman Diego Ramos, con guiños a Julio Iglesias, en una fiesta larga y animada. La coordinación corrió a cargo de un equipo de wedding planners que cuidó los tiempos y la escenografía sin perder el aire clásico de una celebración sevillana.

Contexto y cronología de la relación

Historia de la pareja

La pareja se conoció en Marbella en 2015 y un año después, en el Concurso Hípico de Salamanca, Cayetano la presentó públicamente. Desde entonces, han compartido una década de relación con presencia en actos familiares y públicos, consolidada ahora en Sevilla con una boda de fuerte carga sentimental.

Para la novia es su primer matrimonio; él obtuvo la nulidad eclesiástica de su enlace anterior, circunstancia que le ha permitido casarse por la Iglesia. Bárbara no adquiere títulos por matrimonio —será duquesa y condesa consorte—, mientras que Cayetano mantiene una relación cordial con Genoveva Casanova, madre de sus hijos, que no figuró entre los asistentes.

En cuanto al futuro, el conde de Salvatierra ha reconocido estar abierto a ampliar la familia si todo evoluciona bien. Hoy comparte vida en Las Arroyuelas con Bárbara y continúa muy pendiente de sus mellizos, Amina y Luis, que tuvieron un papel protagonista en el enlace.

Una jornada luminosa y emotiva que combinó tradición sevillana, artesanía y discreción: ceremonia en Los Gitanos, un vestido con guiños a la Hermandad, un elenco de invitados de peso y una celebración en Las Arroyuelas que ratifica la nueva etapa de la pareja con Sevilla como gran testigo.

Sergio Ramos con corte degradado
Artículo relacionado:
Peinados de Sergio Ramos