Estofado de cordero con pimientos y jamón serrano casero

  • El estofado combina cordero, pimientos, jamón y hierbas para lograr un guiso equilibrado y muy aromático.
  • Dorar bien la carne y aprovechar el fondo oscuro es clave para una salsa intensa y con cuerpo.
  • El guiso mejora de un día para otro y se puede terminar tanto al fuego lento como en el horno.
  • Las sobras se aprovechan fácilmente como relleno de empanadas, pasta o platos de aprovechamiento.

estofado de cordero con pimientos y jamon

Hay recetas que nada más empezar a hacerse ya llenan la casa de olor a hogar. Un estofado de cordero con pimientos y jamón serrano es justo uno de esos guisos: huele a sofrito casero, a vino blanco reduciendo poco a poco y a tomillo fresco que recuerda al campo. Es un plato de cuchara para comer sin prisas, con una buena barra de pan al lado y ganas de repetir.

Este estofado tiene una combinación de sabores que funciona a la perfección: la potencia del cordero, el dulzor de los pimientos, el toque salado del jamón y el perfume de las hierbas aromáticas crean un guiso equilibrado, redondo y muy reconfortante. Acompañado con patatas cocidas, arroz blanco, algo de pasta o simplemente con pan rústico, no hace falta mucho más para tener una comida de diez.

Por qué este estofado de cordero con pimientos y jamón serrano engancha

Lo que hace tan especial a este plato es que, además de estar riquísimo, es muy agradecido de preparar con antelación. De hecho, como ocurre con la mayoría de guisos tradicionales, gana muchísimo con el reposo: al día siguiente los sabores están más integrados, la salsa se ha espesado un poco y el resultado es aún más sabroso.

Otra gran ventaja es que es un guiso muy adaptable: si un día necesitas que cunda un poco más, puedes añadir garbanzos cocidos, unas setas salteadas o incluso un poco de pasta corta. Así conviertes el plato en algo todavía más completo sin complicarte la vida y sin romper la esencia del estofado.

Hay un truco clave que marca la diferencia entre un estofado correcto y uno memorable: marcar bien los trozos de cordero hasta que se doren en profundidad. Ese dorado intenso que se pega al fondo de la cazuela crea lo que en cocina se conoce como fondo oscuro, una capa marrón llena de sabor que luego se desprende cuando añadimos el vino o el caldo y que convierte la salsa en algo realmente espectacular.

Cuando se cocina a fuego lento, ese fondo se va mezclando con las verduras, el tomate, las hierbas y el jugo de la carne, dando lugar a una salsa densa, brillante y con una intensidad difícil de conseguir de otra manera. Por eso es importante no tener prisa y dejar que el guiso se haga con calma, sin subir demasiado el fuego ni acortar tiempos.

Además, estamos ante un plato perfecto para compartir: es ideal para poner en medio de la mesa en una fuente amplia y dejar que cada uno se sirva. Y si sobra algo (que no es lo habitual), la carne se puede desmenuzar para rellenar empanadas, tacos, canelones o usarla como salsa para pasta. Es de esas recetas que dan juego para varios platos distintos.

La mejor carne de cordero para el estofado

Elegir bien la carne es fundamental para que el resultado sea tierno y jugoso; si te preocupa la dieta, puedes consultar carnes que no engordan. Para este tipo de guiso lo más recomendable es usar paletilla o espalda de cordero deshuesada, ya que son cortes con suficiente grasa infiltrada y tejido conjuntivo como para quedar melosos tras una cocción prolongada a fuego lento.

También se puede preparar con pierna de cordero deshuesada y troceada, una opción muy práctica porque el carnicero puede quitar el hueso y dejarla lista para cortar en dados. Mucha gente aprovecha piezas consideradas “menores” o más económicas para este tipo de estofados, pero usar una buena pierna o paletilla se nota muchísimo en el resultado final.

Es importante pedir en la carnicería que corten la carne en trozos no demasiado pequeños, para que aguanten bien la cocción sin deshacerse. Un tamaño similar al de un bocado generoso funciona muy bien: ni tan grande como para necesitar cuchillo en cada trozo, ni tan pequeño como para que se seque.

Antes de empezar el guiso, conviene secar ligeramente la carne con papel de cocina y salpimentarla. Así se dora mejor y se evita que su jugo enfríe de golpe el aceite de la sartén, algo que impediría que se formara esa costra marrón tan necesaria para un buen fondo de sabor.

En la tradición de muchos hogares, recetas como el cordero al chilindrón han sido la base para platos como este. El estofado de cordero con pimientos y jamón serrano bebe de esa misma idea: carne guisada con abundante verdura, vino y tomate, aprovechando los productos de la huerta y transformándolos en un plato lleno de carácter.

Ingredientes clave del estofado de cordero con pimientos y jamón serrano

La base de este guiso es sencilla, pero cada ingrediente aporta su parte al conjunto. Una versión muy completa del estofado podría llevar los siguientes elementos principales:

  • 2 piernas de cordero deshuesadas y troceadas, o paletilla/espalda en dados.
  • 2 cebollas grandes.
  • 2 pimientos verdes.
  • 2 pimientos rojos.
  • 4 dientes de ajo.
  • 400 g de tomate natural pelado (fresco o de lata).
  • 2 ñoras o pimientos choriceros hidratados.
  • 100 g de jamón serrano picado.
  • Un ramillete de hierbas: tomillo, laurel, perejil y estragón.
  • 1 y 1/2 vasos de vino blanco.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Sal y pimienta negra al gusto.

Las cebollas, los pimientos y el ajo forman el sofrito de base, que será el corazón del guiso. El tomate, bien troceado, aporta acidez equilibrada y textura a la salsa, mientras que las ñoras o los pimientos choriceros le dan un punto de sabor profundo, ligeramente tostado y muy característico de la cocina tradicional española.

El jamón serrano picado es uno de los ingredientes que marcan la diferencia. Al añadirse al sofrito, su grasa se derrite y se integra con el aceite de oliva, impregnando de sabor todo el conjunto. No hace falta usar un jamón de lujo: un buen jamón de bodega o serrano estándar es más que suficiente para este tipo de preparación.

Las hierbas aromáticas se pueden ajustar al gusto, pero el tomillo y el laurel son casi imprescindibles. Su aroma recuerda al campo y combina de maravilla con el cordero. El estragón y el perejil, por su parte, refrescan un poco el guiso y ayudan a equilibrar la intensidad del resto de ingredientes.

El vino blanco tiene un papel doble: por un lado, sirve para desglasar el fondo de la cazuela (es decir, ayuda a despegar ese dorado tan sabroso que se ha formado al marcar la carne); por otro, al reducirse, aporta matices afrutados y un punto de acidez que redondea la salsa. Lo ideal es usar un vino blanco seco que podrías beber perfectamente.

Paso a paso: cómo preparar el estofado de cordero con pimientos y jamón serrano

La elaboración de este estofado no es complicada, pero sí requiere seguir un orden y respetar los tiempos. El primer paso es preparar todas las verduras: picar la cebolla en trozos pequeños, cortar los pimientos (rojos y verdes) en tiras o dados y laminar o picar finamente los dientes de ajo.

En una sartén amplia o cazuela baja, se cubre el fondo con una buena capa de aceite de oliva virgen extra y se calienta a fuego medio-alto. Cuando esté bien caliente, se añaden los trozos de cordero, preferiblemente en tandas para que no se amontonen. La idea es sellar la carne, dorarla bien por todos los lados y que pierda el aspecto de crudo, sin llegar a cocinarla del todo por dentro.

Según se van dorando los trozos, se retiran y se reservan en una fuente resistente al horno o en una cazuela donde luego seguirá el guiso. En la grasa que queda en la sartén, que ya está impregnada de un sabor concentrado, se incorporan las verduras: primero la cebolla y el pimiento, y un poco más tarde el ajo, para que no se queme.

Se deja pochar la mezcla a fuego medio hasta que la cebolla esté transparente y los pimientos se hayan ablandado. Este paso es importante porque un sofrito bien hecho es la base de una salsa sabrosa y con cuerpo. Si vemos que el aceite se queda corto, se puede añadir un chorrito más, sin miedo.

Cuando las verduras están en su punto, se añade el jamón serrano picado. Se rehoga todo junto durante unos minutos, removiendo para que el jamón suelte su grasa y se integre con el sofrito. A continuación, se incorpora el tomate natural pelado y troceado, y se cocina todo unos minutos más hasta que el tomate pierda el exceso de agua y se concentre un poco.

En este momento se añaden las hierbas aromáticas (tomillo, laurel, perejil, estragón) y las ñoras o pimientos choriceros, que previamente conviene haber hidratado si estaban secos. Se da un par de vueltas, se vierte el vino blanco sobre la sartén y se deja que hierva uno o dos minutos para que se evapore el alcohol mientras se rasca el fondo con una cuchara de madera, recogiendo todos los restos dorados.

Esta mezcla de sofrito, jamón, tomate, hierbas, ñoras y vino se vierte sobre la fuente o cazuela donde espera el cordero marcado. En este punto, se puede decidir si terminar el guiso al fuego o en el horno. Mucha gente prefiere el fuego lento tradicional, pero cada vez es más habitual terminar este tipo de estofados en el horno por la textura y el sabor que se consigue.

Terminar el guiso: fuego lento o horno

Si se opta por el fuego, bastará con mantener la cazuela tapada a temperatura baja, dejando que el estofado cueza despacio durante al menos una hora, o hasta que la carne esté tierna y la salsa haya reducido. Conviene vigilar de vez en cuando, remover suavemente y añadir un poco de agua o caldo si vemos que se queda demasiado seco.

La alternativa, que cada vez gana más adeptos, es terminar el estofado en el horno. Para ello, se introduce la fuente con el cordero y la salsa en el horno precalentado, a una temperatura de entre 150 y 170 ºC. El tiempo mínimo suele ser de unos 30 minutos, aunque puede alargarse si queremos que la carne quede aún más melosa y la salsa más concentrada.

La ventaja del horno es que ofrece una cocción más uniforme, con calor envolvente, y evita que el guiso se agarre al fondo si nos despistamos. Mientras la temperatura no sea muy alta, no hay problema en dejar el estofado un buen rato, siempre revisando de vez en cuando y, si hace falta, bajando ligeramente la temperatura o añadiendo un pelín de líquido.

Al final de la cocción, la salsa debería tener una textura espesa pero fluida, capaz de napar la carne y las guarniciones sin quedar aguada. Si al sacarlo vemos que está demasiado líquida, se puede poner unos minutos más destapado, tanto en el horno como al fuego, para que reduzca. Si por el contrario se ha quedado muy seca, un poco de caldo caliente o agua arreglarán la situación.

Antes de servir, es buena idea probar y rectificar de sal y pimienta. Hay que tener en cuenta que el jamón serrano ya aporta su propio punto salado, así que conviene no pasarse al principio y ajustar al final. Un toque de pimienta negra recién molida justo antes de llevar la fuente a la mesa realza mucho los aromas del guiso.

Guarniciones y formas de aprovechar las sobras

Una de las cosas más interesantes de este estofado es la cantidad de maneras diferentes en las que se puede servir. La opción más clásica es acompañarlo con patatas cocidas o al vapor, que absorben de maravilla la salsa. También funciona muy bien con patatas fritas en dados, añadidas al plato en el último momento para que mantengan su textura crujiente.

Otra posibilidad muy habitual es servir el estofado sobre una cama de arroz blanco recién hecho. El arroz se empapa de la salsa y convierte cada bocado en algo muy reconfortante. Si se busca una comida aún más contundente, se puede recurrir a pasta corta, tipo macarrones o espirales, mezclada con la carne y la salsa justo antes de llevarla a la mesa.

Cuando se prepara una buena cantidad de estofado, es bastante frecuente que sobre algo. Lejos de ser un problema, esto es casi una ventaja, porque la carne de cordero guisada se presta muy bien a transformarse en relleno para otros platos. Desmenuzada con un tenedor y mezclada con parte de la salsa, es perfecta para empanadas caseras, empanadillas, hojaldres salados o incluso para rellenar pimientos.

También se puede usar la carne sobrante para hacer tacos, fajitas o bocadillos calientes: basta con calentarla bien, añadir algún acompañamiento fresco (cebolla, lechuga, tomate, salsa de yogur, etc.) y montar el plato. Otra idea es mezclar la carne troceada con pasta y gratinarla con bechamel y queso en el horno, logrando una especie de lasaña o pasticho de cordero muy sabroso.

Si se planea congelar parte del estofado, lo mejor es hacerlo en recipientes herméticos, dejando que se enfríe por completo antes de meterlo en el congelador. Este tipo de guisos aguanta muy bien la congelación y, al recalentarse a fuego suave, conserva prácticamente todas sus cualidades. Es una forma estupenda de tener una comida casera lista para días con poco tiempo.

Este estofado de cordero con pimientos y jamón serrano es una receta con muchos matices pero muy manejable, que combina tradición, sabor intenso y versatilidad. Desde la elección del corte de carne hasta el punto de la salsa, pasando por el truco de dorar bien el cordero y aprovechar el fondo oscuro, cada detalle suma para conseguir un guiso de esos que apetece repetir y que se recuerdan durante años.

Alimentos con más proteínas
Artículo relacionado:
Alimentos con más proteínas