Döttling, o como gastar en relojes sin comprar más relojes (I)

Estoy alucinando. Yo, que pensaba que tras tantos años ligado a este mundillo, había visto todas las manías habidas y por haber por parte de aficionados o simplemente excéntricos…y resulta que ahora vienen estos de Döttling y me hacen sentir un néofito en el tema.

Y no lo digo como exageración, no; lo digo porque creí que el techo de los cuidados extremos y demás manías persecutorias que afectan a todo apasionado del mundo relojeril se había estancado en actos tan “mundanos” como limpiar las cajas de acero con un cepillo de dientes para evitar las dichosas microrrayas, o hidratar las correas de piel con crema de manos Neutrogena para vencer al desgaste ocasionado por el uso…craso error por mi parte.

Parece ser que ninguno de estos cuidados se ha vuelto lo suficientemente eficiente por sí solo para garantizar el buen estado de conservación de nuestras piezas, así que Döttling, de manera amable y “desinteresada” nos propone una alternativa más destinada a tal fin: cajas para guardar nuestras piezas a buen recaudo.

Probablemente hayáis pensado que se me ha ido la pinza, o directamente que debo ser el único tonto del mundo que no ha visto nunca la típica caja con capacidad para guardar 12 relojes juntos que podemos adquirir en cualquier gran superficie; pero es que después de ver esto entenderéis que o bien lo que vosotros antes entendíais por cajas no lo son, o que estos artefactos que os presento merecen otro nombre. Así que vamos al tema.

Hablamos de una empresa que se dedica a la ¿noble? labor de poner a nuestra disposición cajas fuertes, pero no unas cualquiera. Döttling nos ofrece un amplio abanico de arcones con arquitectura personalizada que conjugan la última tecnología en seguridad, como puede ser la localización de unidades internas portátiles (ya sean joyeros, cajas o portadocumentos) mediante GPS, con la personalización artesana más exquisita; a fin de acabar con esa imagen gris, tosca y descuidada que ha tenido hasta ahora en nuestro cerebro este objeto, e invitándonos poco menos que a decorar nuestra casa con semejantes obras que bien podría firmar Satanás (o Mario Conde, en su defecto).

Para incitarnos a ello, la verdad es que no han escatimado en esfuerzos, y es que tenemos desde un diseño realizado íntegramente por el mismísimo y malogrado Karl Lagerfeld (lo de malogrado no es porque haya muerto en sí, sino porque cuando hace estas cosas directamente para mí no existe), a toda una colección de cajas fuertes históricas recuperadas, restauradas y renovadas para la ocasión (colección Legends), por si se nos ocurre darle “otro aire” a nuestra alcoba o vestidor.

He de decir que de momento, conmigo no cuentan para esta empresa. Ya no sólo porque de momento no me apetezca sentirme Tutankhamon con semejante sarcófago acumulando riquezas bajo mi techo, sino más bien porque si una de estas cajas entrara en mi casa tendría que expulsar directamente a alguno de los seres vivos que conmigo la comparten (la demanda de oxígeno no es negociable). Además, se me ocurren infinitas formas de gastar los miles y miles de euros que puede costar una de estas dependencias para aislar de cualquier peligro a mis piezas, por ejemplo en…en… ¡más piezas!. Y vosotros…¿Qué opináis al respecto?

Por cierto, y a modo de posdata, recalcar que el (I) del título es para que os hagáis a la idea de que esto no acaba aquí, y para avisaros de que el mundo de extravagancia y excentricidad que afecta al sector del lujo, y en el que nos estamos aventurando, es toda una ciencia que vamos a someter a estudio exhaustivo en cada próxima entrega.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *