Victoria’s Secret se ha consolidado como una de las firmas de lencería más influyentes del mundo y cada nuevo desfile o campaña supone una plataforma de lanzamiento para modelos emergentes y también para tops ya consagradas que se integran en la familia de la marca. En uno de sus shows más icónicos, la firma reunió a 52 modelos en pasarela, de las cuales 18 desfilaron por primera vez, convirtiéndose en los nuevos rostros que renovarían la imagen de la firma y anticipando el giro posterior hacia una representación más variada e inclusiva.
Ese grupo de debutantes mezclaba caras casi desconocidas con enorme potencial con nombres muy seguidos en redes sociales y campañas de moda. Entre las más mediáticas destacaban Irina Shayk, una de las supermodelos más reconocidas del planeta, Bella Hadid, estrella absoluta de Instagram y musa de diseñadores de lujo, y Luma Grothe, imagen del perfume Olympéa y rostro habitual en campañas de belleza. Junto a ellas, una nueva generación de modelos se subió al escenario para convertirse en parte de la historia de la marca.
Con el paso del tiempo, estos debuts han ido ganando todavía más relevancia, porque Victoria’s Secret ha utilizado sus pasarelas y colecciones para revisar progresivamente su imagen, alejándose de una estética hipersexualizada y abriéndose a modelos con diferentes orígenes, edades y rasgos físicos. Aunque este desfile fue anterior a los cambios más radicales, supuso un puente entre la era de los Ángeles clásicos y la etapa en la que la firma apuesta por campañas con un enfoque de diversidad e inclusión mucho más marcado, como en la colección Love Cloud o en proyectos especiales con embajadoras de perfiles muy distintos.
Hoy, el interés por aquellos 18 nuevos rostros de Victoria’s Secret no se limita a la moda en pasarela. También sirve para entender cómo la marca ha ido combinando su legado de supermodelos como Adriana Lima, Alessandra Ambrosio, Heidi Klum o Gisele Bündchen con generaciones posteriores y con figuras clave de su filial juvenil PINK, donde modelos como Zuri Tibby, Grace Elizabeth o Maggie Laine han actuado como portavoces y referente directo para un público más joven que consume tanto las colecciones como el contenido digital de la firma.
Además del impacto visual de cada show, Victoria’s Secret ha sabido convertir la presentación de sus nuevas modelos en un poderoso reclamo de marketing, combinando el glamour de la pasarela con actuaciones musicales de primer nivel, colaboraciones con celebrities y presencia constante en redes sociales. La marca ha aprendido, en los últimos años, que la selección de sus rostros es clave para conectar con una audiencia que exige valores claros, mensajes coherentes y un tipo de belleza más amplio y realista.
Nuevos rostros, herencia de Ángeles y cambio de imagen

Durante años, el universo de Victoria’s Secret giró en torno a sus Ángeles oficiales, un grupo de supermodelos con contrato en exclusiva que se convertían en auténticas embajadoras globales. Nombres como Tyra Banks, Stephanie Seymour, Daniela Peštová, Laetitia Casta, Helena Christensen, Karen Mulder o Adriana Lima levantaron la imagen de la firma hasta convertirla en referencia absoluta de la lencería de pasarela. Cada una aportó un estilo particular, desde la sensualidad clásica de los noventa hasta el impacto mediático de los shows más espectaculares.
Con el cambio de década, el protagonismo pasó a nuevas generaciones como Candice Swanepoel, Behati Prinsloo, Miranda Kerr, Doutzen Kroes, Karlie Kloss o Alessandra Ambrosio, que no solo desfilaron sino que lucieron piezas icónicas como el Fantasy Bra, sujetadores joya valorados en millones y diseñados para concentrar toda la atención del show. Esta tradición continuó con tops posteriores como Lily Aldridge, Jasmine Tookes o Lais Ribeiro, consolidando un linaje de supermodelos que sirve de contexto para entender la importancia de cada nuevo fichaje y cada rostro debutante.
Paralelamente, la filial PINK, dirigida a un público más joven, ha contado con sus propias portavoces, reforzando la visibilidad de una nueva generación de modelos. Entre ellas destacan Alessandra Ambrosio en sus inicios, Miranda Kerr, Behati Prinsloo, Elsa Hosk, Rachel Hilbert y, más recientemente, Zuri Tibby, Grace Elizabeth y Maggie Laine. Este doble circuito (Ángeles y PINK) ha permitido a la firma trabajar mensajes distintos: por un lado, glamour y espectacularidad; por otro, un tono más desenfadado y cercano al streetwear íntimo.
Aunque el desfile al que pertenecen estos 18 nuevos rostros todavía conservaba gran parte de la estética clásica de Victoria’s Secret, fue también el preludio de una transformación más profunda. La marca, consciente de la competencia de firmas como Savage X Fenty, Aerie, Skims, ThirdLove o Parade, comenzó a revisar su estrategia de marketing y su forma de entender la sensualidad. Esta revisión culminaría después en campañas donde aparecen mujeres de tallas grandes, modelos trans, embarazadas, mayores y con diferentes capacidades, reflejando una realidad mucho más rica que el único estándar de belleza del pasado.
El carácter pionero de algunas de sus embajadoras recientes, como Valentina Sampaio (modelo transgénero que se integró en el universo de la marca) o Sofía Jirau (primera modelo con síndrome de Down en trabajar con Victoria’s Secret), demuestra hasta qué punto la elección de rostros se ha convertido en un eje estratégico. Esta evolución no borra la historia de los Ángeles, pero sí recontextualiza los debuts de modelos que, como las 18 protagonistas de este artículo, representan un puente entre una forma tradicional de entender la pasarela y un enfoque más inclusivo y diverso.
Las 18 modelos que debutaron como nuevos rostros

Las siguientes modelos formaron parte de esa lista de 18 debutantes que compartieron pasarela con supertops consolidadas. Todas aportaron frescura al show y muchas de ellas han seguido trabajando con la marca o con otras firmas de primera línea en colecciones de lencería, moda y belleza. A continuación, el repaso visual de cada una de ellas, manteniendo las imágenes originales que capturan su presencia en la pasarela y en las sesiones de fitting previas al gran espectáculo.
Cómo ver el desfile y por qué sigue generando tanta expectación
El desfile de Victoria’s Secret se ha emitido tradicionalmente en cadena de televisión estadounidense en horario de máxima audiencia, y también a través de plataformas digitales y contenidos extra online pensados para fans de todo el mundo. En la edición de 2016, el show se grabó en el emblemático Grand Palais de París; las fotografías tomadas durante el fitting y la grabación comenzaron a circular el 30 de noviembre (día en que se registró la grabación) y la emisión tuvo lugar el 5 de diciembre en la cadena CBS, convirtiéndose entonces en uno de los espectáculos televisivos más vistos del año.
La grabación se realiza con antelación respecto a la emisión y, desde entonces, las fotografías del show y los contenidos en redes sociales suelen difundirse con rapidez, convirtiendo cada look, cada ala y cada detalle de lencería en material de referencia para amantes de la moda, estilistas y firmas rivales. La combinación de pasarela, música en directo y narrativa visual ha sido siempre uno de los pilares del éxito del show, y esa fórmula se ha mantenido incluso cuando la marca ha experimentado con nuevos formatos audiovisuales para adaptarse al consumo bajo demanda.
En esa edición, las actuaciones musicales corrieron a cargo de artistas de primer nivel como Lady Gaga, Bruno Mars y The Weeknd, reforzando la idea de que el desfile no es solo una presentación de lencería, sino un gran espectáculo de entretenimiento al nivel de los mayores eventos televisivos. Esta mezcla de música, moda y celebrities es uno de los ingredientes que sigue haciendo que cada anuncio de nuevas modelos o campañas genere una enorme conversación en redes.
Con el tiempo, Victoria’s Secret ha ido alternando el formato clásico de pasarela con proyectos audiovisuales más conceptuales, como especiales documentales o producciones que combinan moda, danza, arte y testimonios de las modelos. Estas nuevas propuestas buscan encontrar un equilibrio entre el legado del famoso show y la necesidad de contar historias que conecten con las preocupaciones actuales de las consumidoras, desde la diversidad corporal hasta la comodidad real de las prendas.
El interés por estos desfiles y por quiénes los protagonizan continúa vigente porque, más allá del impacto estético, adelantan hacia dónde se dirige la marca: qué tipos de cuerpos se van a visibilizar, qué valores quiere transmitir y cómo piensa competir en un mercado donde la lencería se ha convertido en un territorio clave para hablar de autoestima, poder personal y libertad de elección.
De los Ángeles clásicos a la diversidad: el giro estratégico de Victoria’s Secret
Victoria’s Secret ha vivido una auténtica reconstrucción de imagen en los últimos años. Tras décadas apoyándose en una estética muy centrada en la fantasía masculina, la firma se encontró con un contexto social donde los consumidores, especialmente los más jóvenes, empezaron a cuestionar estándares irreales de belleza y sexualización excesiva. La caída de popularidad del desfile tradicional y el auge de competidores que apostaban por mensajes inclusivos obligaron a la marca a revisar su enfoque.
La respuesta ha llegado en forma de nuevas campañas y colecciones que buscan un equilibrio entre sensualidad e inclusión. Un ejemplo clave es la colección Love Cloud, en la que la firma reunió a 18 mujeres de distintos orígenes, edades, tallas y realidades personales: mujeres con discapacidades, embarazadas, mayores, de talla grande y de diferentes tonos de piel. El objetivo era mostrar que la comodidad y la sensualidad pueden adaptarse a cuerpos diversos, alejándose del único cuerpo ultra-delgado que protagonizaba históricamente sus anuncios.
Dentro de esta campaña, participaron tanto modelos profesionales muy conocidas como Hailey Bieber, Taylor Hill o Adut Akech, como mujeres no profesionales que aportaban historias vitales potentes. Entre ellas se encontraban perfiles como Celilo Miles, bombero forestal indígena que posó con su casco, o Sylvia Buckler, diseñadora de accesorios y madre, que aparecía con su embarazo visiblemente avanzado. También formó parte de este proyecto Valentina Sampaio, primera modelo abiertamente transgénero de la marca, consolidando la voluntad de abrir el casting a realidades que antes quedaban fuera.
En paralelo, Victoria’s Secret dio un paso histórico al presentar a Sofía Jirau como la primera modelo con síndrome de Down en formar parte de sus campañas. Jirau, que lleva años desfilando y que incluso ha participado en Semana de la Moda de Nueva York, defiende a través de sus redes un mensaje claro: cualquier persona puede perseguir sus sueños sin que una condición genética suponga un límite. Integrar este tipo de historias en la comunicación de la marca refuerza una estrategia de marketing de reputación que quiere conectar con los nuevos valores sociales.
La responsable creativa detrás de muchas de estas decisiones es Janie Schaffer, directora de diseño de Victoria’s Secret Lingerie, conocida en la industria como «The Knicker Queen». Con décadas de experiencia en moda íntima, Schaffer ha liderado la transición hacia productos que priorizan la comodidad diaria sin renunciar a la sensualidad ni a la calidad de los materiales. Su planteamiento: crear sujetadores y braguitas que se adapten a las necesidades reales de las mujeres y acompañen sus distintos momentos vitales, desde la actividad deportiva hasta la maternidad o el descanso en casa.
Esta reorientación no supone renunciar a la estética característica de Victoria’s Secret, sino reinterpretarla desde una mirada más amplia. La sensualidad ya no se presenta como un molde único al que hay que aspirar, sino como un concepto que puede celebrar experiencias diversas. Así, los nuevos rostros que se incorporan a la marca, tanto en campañas como en colecciones cápsula o shows especiales, se eligen buscando autenticidad, carácter y conexión real con las consumidoras, y no solo por sus medidas.
Estrategia de negocio, competencia y futuro de la marca
Mientras renovaba su casting y su discurso, Victoria’s Secret ha tenido que afrontar un entorno empresarial complejo. Las ventas ya no crecían al ritmo de antaño, y la firma se vio obligada a repensar su modelo frente a la aparición de marcas nativas digitales que conectaban mejor con la sensibilidad actual. Nombres como Savage X Fenty (impulsada por Rihanna), Aerie, Skims (cofundada por Kim Kardashian), ThirdLove o Parade introdujeron conceptos como la inclusión radical, tallajes amplios, tonos de piel diversos y marketing directo al consumidor a través de redes sociales.
Ante este escenario, la compañía ha apostado por una estrategia que combina renovación de producto y optimización de tiendas físicas. Ha vuelto a impulsar líneas como bañadores y ropa deportiva, que en su momento llegaron a suponer una parte muy relevante del negocio de sujetadores deportivos, y está ampliando categorías cercanas a la lencería tradicional, como prendas para estar en casa, suéteres, vestidos ligeros y tops tipo corsé. La idea es ofrecer un armario íntimo más completo sin perder la especialización en ropa interior.
Al mismo tiempo, la marca está actualizando la experiencia en tienda. Los espacios físicos han pasado de un ambiente oscuro y teatral a otro más luminoso, cálido y acogedor, con entradas amplias, mobiliario en tonos suaves y elementos pensados para que la clienta se sienta cómoda explorando tallas, tejidos y cortes. Estas «tiendas del futuro» buscan reforzar la relación emocional con la marca y transmitir los nuevos valores de cercanía e inclusión.
En cuanto a la expansión geográfica, Victoria’s Secret se mantiene como el mayor minorista de lencería de Norteamérica, con una cuota de mercado muy significativa, y continúa abriendo establecimientos fuera de esta región. El objetivo es recuperar y superar niveles de facturación pasados, apoyándose en nuevas categorías de producto y en un control más ajustado de los costes operativos, sin dejar de invertir en imagen y comunicación.
A pesar de los desafíos, la marca conserva una fuerza de reconocimiento global que pocas competidoras pueden igualar. El reto actual pasa por demostrar que esa notoriedad puede convivir con una visión moderna de la sensualidad, donde los nuevos rostros de Victoria’s Secret reflejen las aspiraciones de mujeres reales: comodidad, diversidad, seguridad en su propio cuerpo y libertad para definirse a sí mismas.
Todo este recorrido explica por qué la lista de 18 nuevos rostros que debutaron en uno de los grandes desfiles de la firma sigue siendo tan interesante hoy: conecta el legado de los Ángeles clásicos con la apuesta actual por un casting más amplio, y ayuda a entender cómo la marca ha ido cambiando para seguir siendo relevante en un mercado que ya no se conforma con una sola forma de belleza.