Chanel Métiers d’art en Nueva York: artesanía, metro y cine en movimiento

  • Chanel presenta su colección Métiers d’art 2025/26 en el metro de Nueva York, primer desfile de Matthieu Blazy al frente de las actividades de moda de la maison.
  • El subway neoyorquino inspira una propuesta que mezcla artesanía de le19M, referencias Art Deco, cultura pop y vida urbana real.
  • La colección alterna opulencia nocturna, sastrería diurna, denim trabajado y un fuerte protagonismo del tweed y el animal print.
  • El desfile consolida el vínculo histórico entre Chanel y Nueva York, y refuerza la estrategia de la firma en Estados Unidos y Europa.

Desfile Chanel Metiers d'art en Nueva York

La relación entre Chanel y Nueva York suma un nuevo capítulo con la presentación de la colección Métiers d’art 2025/26 en pleno metro de la ciudad. La firma francesa ha convertido una estación subterránea en un escenario casi cinematográfico, donde la alta artesanía convive con el ruido metálico de los vagones y la luz fría de los fluorescentes.

En este contexto tan poco clásico para una casa de lujo, Matthieu Blazy firma su primer Métiers d’art como responsable creativo de las actividades de moda de Chanel, y lo hace con una declaración de intenciones clara: el savoir-faire de los talleres históricos puede contarse a través de historias urbanas, cercanas y con un punto desenfadado, sin perder ni un ápice de precisión ni de excelencia.

El metro de Nueva York como punto de partida creativo

El hilo conductor de la colección es el subway neoyorquino entendido como cruce de culturas, un espacio donde coinciden estudiantes, ejecutivos, artistas, madres, turistas, socialites y vecinos anónimos. Blazy lo interpreta como un pequeño universo democrático en el que cada persona se viste como protagonista de su propia película, una idea que se traslada a los looks de pasarela.

La invitación ya daba pistas: un periódico impreso y un colgante con forma de vagón de metro, símbolos de esa mezcla entre rutina diaria y guiño de coleccionista. Una vez dentro del andén de Bowery, una estación habitualmente cerrada al público, el contraste entre los focos, las vías y la decoración convertida en plató reforzaba la sensación de estar ante un rodaje más que ante un desfile convencional.

Blazy explora la imagen del metro como escenario de encuentros fugaces y personajes anónimos, y la traslada a una colección que cruza glamour y crudeza, lujo y cotidianeidad. La ciudad que nunca duerme se filtra en los colores, en los guiños gráficos y en una energía que alterna lo teatral con lo muy funcional.

Desde la casa se insiste en que el metro de Nueva York “pertenece a todos”, y precisamente esa idea de comunidad, mezcla y choque de arquetipos pop es la que da forma a la narrativa del Métiers d’art 2025/26, pensada para dialogar tanto con el público estadounidense como con una audiencia global conectada por redes sociales.

Un viaje de estilo: de los años 20 al presente

La colección recorre de manera libre un siglo de moda, conectando los años veinte, el Art Deco y la cultura pop contemporánea con la calle neoyorquina actual. No hay una línea temporal rígida, sino un vaivén entre décadas que se traduce en siluetas, bordados y materiales.

El desfile arranca con una modelo que abandona el vagón vestida con un minivestido de flecos metalizados y bordados artesanales, una pieza que funciona casi como carta de presentación: hay brillo, hay trabajo de atelier y hay movimiento pensado para el ritmo frenético de la ciudad. Le siguen faldas cortas de plumas negras combinadas con chaquetas estructuradas con broches y camelias sobredimensionadas, una lectura más audaz del código clásico de la maison.

Los vestidos columna con plumas en tonos verde agua, que caen como una cascada hasta el suelo, y las piezas de lentejuelas degradadas en coral y aguamarina aprovechan la iluminación dura del metro para crear reflejos inesperados, casi como si los focos de la estación se convirtieran en un improvisado set de rodaje.

En paralelo, aparece la figura de la flapper reinterpretada para el siglo XXI: vestidos de aire Art Deco reconfigurados por los talleres Lesage y Lemarié, con plumas, brillos y un punto festivo constante. Esas “flappers del futuro” caminan con pantalones tipo illusion chinos y una actitud de superheroína urbana, a medio camino entre la cinefilia y el cómic.

El relato temporal se enriquece con referencias más sutiles a Gabrielle Chanel y sus viajes a Nueva York en los años 30. La colección recoge cómo la diseñadora observó a las mujeres estadounidenses reinterpretando sus prendas con descaro y libertad, un espíritu que aquí se traduce en combinaciones menos rígidas y en una elegancia más relajada.

París-Nueva York: un diálogo que se renueva

Este Métiers d’art funciona como puente entre el ADN parisino de la maison y la energía de Manhattan. No es la primera vez que Chanel lleva esta colección a la ciudad —en 2018 recaló en el Metropolitan Museum of Art con el paris-New York Métiers d’art—, pero ahora el gesto se hace más literal al bajar a las vías del metro.

La iconografía neoyorquina aparece en forros pintados a mano, estampados del skyline y motivos urbanos que decoran abrigos, faldas y prendas de noche. Hay imágenes de Coco Chanel paseando por Broadway con su perro, reinterpretadas de forma gráfica, así como referencias veladas a los neones, a los escaparates y a los kioscos que salpican la ciudad.

Esta nueva cita en Nueva York llega además en un momento en el que las grandes casas de lujo refuerzan su presencia en Estados Unidos, un mercado estratégico tanto por volumen como por influencia cultural. El Métiers d’art se convierte así en una herramienta de imagen pero también en un mensaje claro hacia clientes de Europa y América: la herencia de la maison sigue viva y en movimiento.

El desfile, pese a su dimensión global, no pierde de vista la atención a la artesanía que ha marcado estas colecciones desde su creación en 2002. Bordadores, plumassiers, joyeros, zapateros, plisadores y otros oficios integrados en el ecosistema de le19M cobran protagonismo en acabados que, vistos de cerca, evidencian la voluntad de preservar un patrimonio artesanal europeo con proyección internacional.

Esta cita continúa la línea abierta por Chanel desde mediados de los años ochenta, cuando la firma empezó a adquirir y apoyar talleres históricos para garantizar la continuidad de estos oficios especializados, convirtiendo el Métiers d’art en un laboratorio donde códigos clásicos se reinterpretan sin perder su esencia.

El debut de Matthieu Blazy: artesanía con humor y actitud urbana

El primer Métiers d’art de Blazy al frente de las actividades de moda muestra un equilibrio entre respeto por los códigos de la casa y ganas de sacudir el imaginario. Hay romanticismo y rigor técnico, pero también ironía, guiños pop y un tono más relajado en ciertas combinaciones.

En la vertiente más sartorial, destacan las chaquetas de líneas precisas y el tweed reinterpretado casi con aire de camisa de leñador, realizado en lana bouclé. Se completan con camisas masculinas de peso marcado, cadenas y detalles metálicos que apuntan a un cierto espíritu cinematográfico, como si cada look perteneciera a un personaje distinto dentro de una misma trama.

Otra línea clave es la que Blazy denomina “lingerie denim”: mezclas de vaquero suave con bordados extremadamente delicados, aplicaciones de pedrería y acabados que acercan el tejido más cotidiano al territorio de la alta artesanía. Es un diálogo entre el Oeste americano, Manhattan y el universo Chanel, pensado para una clientela que combina jeans y piezas de lujo sin jerarquías.

Los animales urbanos se convierten en un motivo recurrente: gatos, pájaros, peces de inspiración Art Deco y versiones sofisticadas del animal print aparecen en tweeds exclusivos, jacquards y bordados. Blazy juega con la idea de la “gata neoyorquina” como figura nocturna, pero también como posible superheroína anónima que cruza la ciudad de madrugada.

La colección mantiene una coherencia visual aunque alterna bloques muy diferentes: looks de noche tremendamente elaborados, conjuntos más diurnos y propuestas híbridas que podrían pasar del metro a una cena sin excesiva transición, en línea con la forma de vestir de muchas capitales europeas.

Entre la noche y el día: opulencia, sastrería y casual chic

En la parte más nocturna, la colección despliega vestidos de plumas, lentejuelas y siluetas columna que se adaptan al cuerpo sin rigidez, con caídas fluidas pensadas para captar la luz en movimiento. Las gamas de verde agua, coral, aguamarina y negro profundo construyen una paleta que remite tanto al Art Deco como al brillo de los rascacielos.

Frente a estos looks de impacto, Blazy introduce una serie de propuestas diurnas donde el lujo se relaja. Un jersey de punto grueso en tono arena, combinado con vaqueros amplios y mocasines blancos, resume bien esa idea de comodidad informada por la artesanía. A su lado, un traje negro de corte masculino, muy limpio, se acompaña de collares de perlas de gran tamaño que aportan un gesto genderless claramente contemporáneo.

Esta dualidad opulencia-vida real conecta también con el público europeo, acostumbrado a mezclar prendas especiales con básicos de armario. La colección ofrece piezas que pueden integrarse sin dificultad en un vestidor urbano en ciudades como Madrid, Barcelona, París o Milán, manteniendo el sello Chanel pero sin exigir códigos demasiado rígidos.

Los juegos de proporciones, con chaquetas ligeramente más cortas, pantalones amplios y faldas que alternan el mini y el midi, apuntan a una silueta versátil, pensada para una clienta internacional que se mueve entre viajes, reuniones y eventos, sin renunciar a piezas más teatrales cuando la ocasión lo pide.

Los clásicos slingbacks de Massaro aparecen actualizados en piel lisa y en versiones de shearling moteado, anclando muchos de los estilismos y recordando que el zapato sigue siendo uno de los emblemas silenciosos de la casa.

Animal print, tweed y la mano de los talleres

Uno de los capítulos más llamativos del desfile es el dedicado al animal print trabajado casi hasta la obsesión. Aparecen conjuntos completos de leopardo, desde jerséis de cuello alto con falda tubo a abrigos largos de pelo corto que parecen hechos para una “jungla de asfalto”, una imagen que entra en sintonía directa con la iconografía urbana de Nueva York.

En el lado opuesto, el tweed retoma su papel de tejido insignia, pero con un enfoque delicado y festivo. Un vestido y un abrigo blancos, bordados con flores y acompañados por sandalias con plumas, resumen el savoir-faire de los talleres: cada pétalo, cada hilo, cada aplicación se ha trabajado con una precisión que justifica el protagonismo de la artesanía en esta colección.

Estos dos extremos —la exuberancia del estampado animal y la pureza del tweed claro— dialogan con naturalidad, mostrando cómo Chanel sigue explorando contrastes visuales fuertes sin abandonar un hilo narrativo coherente. Las combinaciones funcionan tanto en pasarela como en una lectura más realista, pensando en clientas europeas que alternan días discretos con apariciones más vistosas.

La presencia de los talleres asociados a le19M se percibe tanto en los bordados complejos como en detalles aparentemente menores: remates de plumas, cristales colocados a mano, trabajos de orfebrería en botones y cierres que convierten cada prenda en una pieza casi única.

Todo este despliegue refuerza la vocación del Métiers d’art como escaparate para oficios que, de otro modo, podrían verse desplazados por la producción industrial, manteniendo viva una red de artesanos principalmente instalada en Francia y, por extensión, en Europa.

Accesorios con sentido del humor y carga simbólica

Los accesorios se reservan un papel clave, con minaudières y piezas joya inspiradas en objetos cotidianos que podrían encontrarse en un kiosco o en una estación de metro. Blazy recurre a formas de manzanas, frutos secos o pequeños souvenirs turísticos, elevándolos a la categoría de pieza de coleccionista.

Entre ellos destacan un cacahuete esmaltado convertido en bolso joya, una manzana neoyorquina reinterpretada como objeto de culto y una ostra que esconde una perla en su interior, jugando con la idea de tesoro oculto en medio del tránsito diario.

La bisutería y la joyería siguen esa línea teatral: collares que imitan cubitos de hielo, colibríes de aire Art Deco y creaciones firmadas por Goossens que recuerdan a pequeños vitrales urbanos. Son piezas que aportan brillo y humor incluso a los looks más sobrios.

Lejos de ser simples complementos, estos accesorios contribuyen a subrayar el tono del desfile: una mezcla de sofisticación y guiños desenfadados que conecta tanto con el público local neoyorquino como con la audiencia europea acostumbrada a ver en los accesorios un territorio donde arriesgar más.

En conjunto, la propuesta de accesorios demuestra que el Métiers d’art sigue siendo un laboratorio ideal para jugar con formas, materiales y referencias culturales, manteniendo el equilibrio entre la pieza de deseo y el objeto coleccionable.

Un cierre de desfile cargado de símbolos

El final del show refuerza la visión de Blazy con un look de cuerpo negro y falda exagerada en piel y plumas verde esmeralda en degradé. La imagen es potente, casi cinematográfica, y sintetiza muchas de las ideas del desfile: volumen, color, textura y una presencia que no necesita demasiados adornos para comunicar fuerza.

Junto a este cierre, uno de los momentos más comentados ha sido el guiño nupcial reinterpretado por el diseñador: un vestido blanco de líneas limpias, con una falda ligera y un brillo controlado, más cercano a una ceremonia íntima en el City Hall de Nueva York que a las bodas escenográficas habituales en otros tiempos de la maison.

Esta “novia” Chanel resulta más urbana, contemporánea y sin exceso decorativo, en sintonía con un tipo de clienta que prioriza la personalidad sobre el espectáculo. La propuesta ha circulado con rapidez en redes y medios, convirtiéndose en una de las imágenes más virales del Métiers d’art.

El casting de invitados y amigos de la casa también contribuye al impacto mediático. Carlota Casiraghi se situó entre las presencias más destacadas, con uno de los estilismos más celebrados de la noche, mientras que el rapero A$AP Rocky y la actriz Margaret Qualley retomaron los looks con los que ya habían sorprendido en un cortometraje ligado a la colección.

El despliegue de rostros conocidos, desde embajadoras históricas a nuevas incorporaciones, consolida el desfile como un acontecimiento seguido desde Europa y América, reforzando el papel de Nueva York como plaza clave en la estrategia internacional de Chanel.

Este Métiers d’art ambientado en el metro neoyorquino construye un relato en el que la artesanía más especializada comparte espacio con escenas de vida cotidiana, con referencias al cine, a la cultura pop y a la propia historia de la maison. El resultado es una colección que conecta pasado y presente, París y Nueva York, talleres europeos y energía americana, abriendo una etapa en la que el lujo se permite bajar al andén sin perder ni un gramo de rigor.

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