Priapismo: qué es, causas y tratamiento

Hombre con Priapismo

En este sitio web hemos hablado sobre muchas enfermedades relacionadas con el órgano sexual masculina, algunas muy conocidas y que muchos hombres tienen la desgracia de sufrir y otras que se suelen padecer con muy poca frecuencia. Hoy vamos a hablar de una de esas enfermedades inusuales y que son muy poco conocidas, salvo por aquellos que la sufren y la padecen.

Estamos hablando del priapismo o lo que es lo mismo las erecciones involuntarias. Tal vez por ser algo bastante desagradable, dependiendo además del momento en el que se produzca, casi nadie afirma haber padecido esta enfermedad o cuenta algo sobre ello. Con total seguridad podríamos apostar a que no conoces a ningún amigo o familiar que haya sufrido priapismo, y no porque no los haya, sino porque jamás se lo confesarán a nadie.

A continuación vamos a ofrecerte una gran cantidad de información, creemos que bastante útil e interesantes, aunque como de costumbre nuestra recomendación es que no te conviertas en un médico ocasional, y si sospechas que estás sufriendo alguna enfermedad en tu pene, acudas al médico para que sea él quien te explore, te diagnostique y sobre todo te recete un tratamiento.

¿Qué es el priapismo?

Anatomía del pene

Esta enfermedad que hoy nos ocupa, y preocupa, le debe su nombre a Príapo, el dios griego de la fertilidad, que era representado en las pinturas y esculturas como un hombre con un falo enorme y erecto, que era a su vez el símbolo de la fecundación.

Dejando de lado la mitología griega a la enfermedad del priapismo se la define técnicamente como una o varias erecciones no deseadas y persistentes en el órgano sexual masculino.

Actualmente se conocen dos variantes del priapismo, la isquémica y la no isquémica. En el primero de los casos, que es también el más común, el pene permanece erecto durante largos períodos de tiempo sin que la sangre se retire del interior de pene por lo que la erección continua. Esto puede llegar a provocar intensos dolores en quien la sufre.

El priapismo no isquémico es menos común y además es totalmente indoloro ya que el pene a pesar de estar en erección no llega a tener la rigidez que en la variante isquémica. Quien padece esta variante, tiene que sufrirla, pero ni sufre dolor ni tantas incomodidades.

¿Cuáles son las causas del priapismo?

Hombre en bañador

Esta enfermedad que pueden sufrir hombres de cualquier edad, puede estar provocada por causas muy variadas y muy diferentes. Sin embargo las causas principales por las que se suele padecer un priapismo es por sufrir o haber sufrido alguna enfermedad en la sangre como pueden ser la leucemia y más especialmente la anemia falciforme. Esta última enfermedad hace que los glóbulos rojos se encuentren deformados y puedan bloquear el flujo de la sangre en los vasos. Si esos glóbulos rojos deformados llegan al pene, no pueden fluir de la forma correcta, evitando que la erección desaparezca con el paso del tiempo tal y como sucede normalmente.

El priapismo también se suele relacionar con las lesiones del pene, de la pelvis o la uretra. Además el veneno de algunos animales como los escorpiones puede causar esta enfermedad que sin ser muy grave sí que puede ser dolorosa. Por último muchos expertos también afirman que el alcohol o las drogas pueden ser las causas de sufrir un priapismo.

Tratamientos para el priapismo

bañadores-hombre

Como siempre solemos decir al hablar de este tipo de enfermedades, lo primero que deberemos de hacer si sufrimos alguno de los síntomas antes expuestos es acudir a un especialista para que nos haga una exploración completa. Ese médico será el encargado de aplicarnos o recetarnos un tratamiento, pero en ningún caso y bajo ningún concepto debemos de tratarnos por nosotros mismos.

Para el priapismo hay que diferenciar si estamos ante la variante isquémica o no isquémica para optar por un tratamiento u otro. En el caso de que estemos ante el priapismo isquémico deberemos de acudir cuanto antes a un especialista para que ponga en marcha un tratamiento, ya que de lo contrario podemos llegar a sufrir una disfunción eréctil permanente.

Al imposibilitarse la salida de la sangre del pene esta va perdiendo el oxígeno que contiene, convirtiéndose en un líquido toxico para el organismo que como ya decíamos puede causar daños irreparables en el pene, hasta llegar al punto de tener que ser necesaria una amputación del mismo.

En la mayoría de los casos el especialista realiza una técnica de emergencia para sacar la sangre acumulada, aunque en algunos casos también se pueden inyectar medicamentos que actúan de forma directa sobre los vasos sanguíneos y que hacen que se reanude el flujo de la sangre correctamente.

¿Debo de preocuparme el priapismo?

El priapismo como ya hemos dicho anteriormente es una enfermedad poco común, aunque sí que la sufren algunos hombres que en pocas ocasiones reconocen padecerla. Diagnosticada a tiempo no suele suponer demasiadas complicaciones.

Por desgracia esta enfermedad suele confundirse con otros problemas o incluso no reconocerse o identificarse por lo que el tardío diagnostico puede terminar por suponer un problema de grandes dimensiones.

Actualmente existen varios tratamientos que permiten decir que esta enfermedad no debe de preocuparte, aunque en el caso de que padezcas algunos de los síntomas de los que hemos hablado deberías de acudir cuanto antes a un especialista para que te haga una exploración completa y realice las valoraciones correspondientes.

Cómo solemos decir con todas las enfermedades que hemos tratado en este sitio web, ninguna enfermedad del órgano reproductor masculino suele ser de mucha gravedad o demasiada importancia, pero suele ser básico detectarla a la tiempo y sobre todo no esconderse o tratar de ponerle fin con tratamientos propios o que hayamos encontrado a través de la red de redes.

Si ves que algo raro pasa en tu pene acude a un médico, a pesar de que te pueda dar vergüenza, ya que es la mejor manera de no complicar las cosas y tratar de ponerle una solución a cualquier cosa que te pueda estar pasando o sucediendo.


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