¿Por qué los tatuajes no desaparecen con el tiempo?

Tatuaje

Si bien es cierto que perdemos decenas de milles de células de la piel cada hora, ¿cómo es posible que los tatuajes no terminen desapareciendo con el tiempo? La respuesta es bastante sencilla: el tatuaje no es un dibujo, sino más bien una especie de grabado.

El tatuador utiliza una máquina provista de una aguja, que traspasa la epidermis hasta llegar a la dermis. Cada vez que penetra en la piel, la aguja deposita tinta. Dicho de otra forma, causa pequeñas heridas, inmediatamente detectadas por el sistema inmunitario.

Para defenderse, este último provoca una inflamación y alerta a las células inmunitarias, que entran en juego para reparar la piel dañada. Las células macrófagas infiltran los tejidos para nutrirse de partículas extrañas, introducidas por la aguja, y limpiar la piel.

Pero algunas de ellas no vuelven al sistema linfático tras haberse llenado de tinta, y se quedan bloqueadas en la dermis, con la “barriga” llena de pigmentos. Esto explica que la tinta sea visible a la superficie de la piel. Después, las partículas de tinta pueden permanecer en la dermis, mientras que otras son recuperadas por las células dérmicas llamadas fibroblastos.

Estas últimas se quedan en su sitio hasta la muerte. Son complemente absorbidas por las nuevas células, así como la tinta que contienen. Por lo tanto la tinta queda incrustada en la piel de por vida, ya que las células dérmicas son relativamente estables.


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