Los placeres cotidianos que nos hacen felices

 Placer

Todo el mundo sabe lo que supone reírse tontamente o ser feliz con cosas sencillas. Os invitamos a descubrir esos placeres sencillos de todos los días en los que puede basarse nuestra felicidad.

Comerse el pico de la barra del pan caliente: Cuando vamos a la panadería y que salimos con una barra de pan todavía caliente, nos gusta comernos el pico. Poco importa si después falta algo para la comida del resto del día.

Tomar el tren justo a tiempo: Correr por todo el andén de la estación, evitar los empujones, estresarse al final para tomar el tren antes de que se cierren las puertas. Se trata de una odisea que vale la pena, puesto que al final se puede ser simplemente feliz.

Despertarse antes de que suene el despertador y volver a dormirse: A todos nos ha pasado. Por una vez, la batalla contra el despertador la habéis ganado. Así pues, se anuncia un buen día.

Un día maravilloso: Después de meses de mal tiempo, por fin sale el sol y durante todo el día nos sentimos felices. El sol influye en nuestro estado de ánimo, por lo tanto, cuando hace bueno, nos sentimos contentos y se puede vivir un día especial.

Encontrarse con una música en la radio que nos trae gratos recuerdos: Habéis estado escuchando esa música durante todo el verano, y volverla a escuchar varios meses después os recuerda tan buenos momentos, incluso si el buen tiempo no ha llegado todavía, esa música es capaz de levantaros el ánimo.

Encontraros con alguien que no veíais desde hace tiempo: Da gusto encontrarse con alguien querido, pero que no tenéis tiempo de ver. Es la ocasión para recordar veladas y aventuras pasadas juntos en buena compañía… El placer es el mismo cuando se recibe un SMS de una persona que creíamos haber perdido de vista.


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