Consejos para preparar un buen desayuno equilibrado

Desayuno

En el desayuno se debe comer bien y almacenar energía para afrontar el día con plena forma. La fuente de energía apropiada procede de los glúcidos lentos procedentes de productos como rebanadas de pan integral, cereales muesli y en copos, biscotes, galletas, pasteles a base de harina de trigo y aceites vegetales, o galletas de arroz hinchado.

Estos alimentos proporcionan fibras y vitaminas B. Los productos lácteos, preferentemente productos fermentados como el yogur o el kéfir o las rodajas de queso fresco sobre el pan, son buenas fuentes de proteínas así como las bebidas o los yogures de soja.

Los frutos secos aportan ácidos grasos esenciales de calidad, vitamina E, minerales y oligoelementos muy importantes como el zinc y el magnesio, que regulan los estados de tristeza. También son buenos otros alimentos ricos en hidratos de carbono como los higos, los plátanos y los dátiles.

Los zumos de fruta fresca o los smoothies de frutas frescas son esenciales por razón de su riqueza en antioxidantes y vitamina C. También se puede añadir una dosis de jalea real o añadir al zumo algunas almendras, una taza de yogur descremado o una cucharada de café de miel puro. Si se realiza un trabajo intelectual, conviene pensar en aumentar el número de cucharadas de café de polen y de lecitina.

Sin embargo, se debe evitar saltar el desayuno o reemplazarlo por una bebida excitante como el café. Un excitante genera un estrés inútil para el cuerpo y proporciona energía de corta duración. Más tarde, se puede sufrir una caída momentánea de azúcar en la sangre, y provocar una sobrecarga en el cerebro que provoque ansiedad con pérdida de atención y otros síntomas.

Otro error es sobrecargar el organismo con alimentos pesados y demasiado grasos, que ralentizan la digestión y provocan somnolencia y bajada de la productividad.


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