Conducir con resaca

Estudios de la Universidad Brunel de Londres, manejar con graduación alcohólica o con resaca, por más baja que sea, el riesgo de sufrir un accidente de tráfico se multiplica por cuatro. Ese peligro también se acrecienta mucho más si el conductor mantiene una conversación por su móvil que con cualquier pasajero que vaya en el vehículo, según señala otra investigación.

Las pocas horas de sueño, el bajo nivel de azúcar en sangre y la deshidratación producto del alcohol tienen el efecto de convertir a un conductor en un peligro similar al de un conductor bebido.

Los autores del estudio eligieron a un grupo de estudiantes, cuyas reacciones al volante fueron estudiadas primero en condiciones de sobriedad y después bajo los efectos de una resaca.

Se utilizó para ello un simulador y quedó en evidencia que los resacosos condujeron a más velocidad, se salieron con mucha más frecuencia de su carril y cometieron el doble de infracciones, ignorando semáforos en rojo o saltándose señales de stop.

En un circuito urbano de ocho kilómetros, los sobrios condujeron a una media de 52,45 kilómetros por hora y los afectados por los excesos de la noche lo hicieron a 67,09 kilómetros por hora.

Los primeros sobrepasaron el límite de velocidad durante un 6,3% del trayecto y cometieron 3,9 infracciones, mientras que los segundos corrieron durante un 26% de la prueba y cometieron 8,5 infracciones de tráfico.

Graham Johnson, portavoz de RSA, manifestó que “la sorpresa fue que condujeran más rápido. Esperábamos que tuvieran una conducción más errática y nos alarmó que no tuvieran cuidado y se saltaran las señales”.

“Es como si estuvieran en las nubes y pensando: ‘tengo que llegar al trabajo, iré lo más rápido posible para tomarme el Alka Seltzer y poder sentirme mejor'”, explicó Johnson, quien invitó a las empresas, en vísperas de las fiestas de Navidad, a contratar servicios de transporte para el día después de la cena de empresa.

Conversaciones peligrosas

En otra investigación, cuyos resultados publica la revista ‘Journal of Experimental Psychology: Applied’, se constata hablar por el móvil es mucho más peligroso que si el conductor charla con un pasajero más del automóvil. “Los pasajeros añaden dos ojos más y ayudan al conductor a conducir, y le recuerdan a dónde van”, explica David Strayer, uno de los autores del estudio y profesor de psicología de la Universidad de Utah.

Este trabajo también muestra que cuando los jóvenes hablan por su móvil mientras conducen sus reacciones se vuelven tan lentas como las de los conductores ancianos, y también que aquellos que conversan por teléfono presentan las mismas dificultades que los que tienen una tasa de alcohol de 0,08.

Los autores han detectados varias diferencias entre un tipo de conversaciones y otras, “los conductores se desvían más de la línea recta cuando hablan por el móvil y además les cuesta más esfuerzo tomar correctamente una salida […] La diferencia entre una conversación telefónica y otra con un pasajero se debe al hecho de que este último sabe cómo está el tráfico, y pueden ayudar al conductor recordándole la salida que debe tomar y señalándole los peligros”. Elmundo


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